lunes, 1 de marzo de 2010

La Ofensiva Michael, la ferocidad germana (primera parte)

Frente Occidental, 1918: ensordecidos por el estruendo de los proyectiles de artillería pesada, tropas de asalto alemanas cargaron en una refriega de combate cuerpo a cuerpo cuando se desencadenó la Ofensiva Michael. Justo antes de las 9,40 horas del 21 de marzo de 1918, los hombres del 73.º Regimiento de Fusileros de Hannover del Ejército Alemán saltaron de sus trincheras a tierras de nadie, en preparación para la crítica carrera sobre los 800 metros que les separaban de las posiciones británicas. Esto se realizó durante los últimos minutos de un bombardeo artillero preliminar de cinco horas. El 2.º Teniente Ernst Jünger, que mandaba la 7.ª Compañía del 2.º Batallón del Regimiento, condujo a sus hombres llevando una capa, con un revólver en su mano derecha y un bastón de bambú en su izquierda. Estaba furioso y sentía un deseo desbordante de matar, después de haber perdido a la mitad de su compañía en un estallido de obús perdido. Su compañía avanzó a través de un poco de alambre espinoso bombardeado y saltó sobre la trinchera británica abandonada de primera línea antes de verse bajo el fuego de ametralladora. La Ofensiva Michael estaba en marcha.
La estrategia alemana era irrumpir por las líneas británicas entre Flesquières y St. Quentin, al nordeste de Francia, y girar entonces al norte, hacia Arras. Obligando al ejército británico a retirarse hasta el canal, se esperaba separarlo del ejército francés l sur. Los preparativos para el ataque habían durado varios meses, y los alemanes planeaban utilizar 76 Divisiones para atacar a las 29 Divisiones que formaban los III y V Ejércitos británicos. Una alta proporción de las Divisiones alemanas estaban clasificadas como Stossdivisionen (Divisiones de ataques). En estas unidades especiales estaba la 111.ª División, del 17.º Ejército alemán, y uno de sus Regimientos era el 73.º de Fusileros de Hannover. Los alemanes pensaban irrumpir en las líneas británicas en un ataque sorpresa, utilizando avanzadas técnicas artilleras y refinadas tácticas de asalto desarrolladas en experiencias en combate y entrenamiento con fuego real. Mucho dependería del espíritu de ofensiva de los Regimientos de asalto como el 73.º de Fusileros de Hannover. El Regimiento había servido de modo continuo en el Frente Occidental desde 1914 y había combatido contra franceses y británicos, contra estos últimos en las batallas del Somme de 1916. Para marzo de 1918, el Regimiento tenía tres batallones, cada uno con unos 600 hombres. La 7.ª Compañía del leutnant Jünger tenía unos 150 fusileros. Después de casi 4 años de acción, quedaban pocos soldados de antes de la guerra, y la mayoría de los fusileros eran jóvenes de 17 años u hombres casados de 35 años. Su jefe, el leutnant Ernst Jünger, era un soldado hecho en la guerra. Después de una juventud algo bohemia, había entrado voluntario en el ejército en 1914 y había servido como fusilero con el Regimiento antes de ser destinado en 1915. Combatiente romántico pero también soldado de trinchera despiadado, se reveló en combate, y para 1918 había sido herido 5 veces, ganando la Cruz de Hierro de 2.ª y 1.ª clases, y la Cruz de Caballero con Espadas de la Casa de Hohenzollern. En septiembre de 1918, iba a recibir la cruz Pour le Mérite, uno de sólo 14 oficiales jóvenes de Infantería que recibieron esta recompensa prusiana por valor. Jünger tenía dos oficiales en su compañía, y la mayoría de los pelotones tenían al mando a soldados con rango limitado y autoridad de oficiales. Sus fusileros tenían fusiles Mauser (modelo 1898) de 7,92 mm, ametralladoras ligeras Maxim 08/15, granadas y una diversidad de porras y mazas para el combate en trinchera. Para 1918, aunque bien armado, el soldado alemán era una criatura desarrapada que, con palabras de Jünger, había vivido cuatro años “con abrigos desgarrados y peor alimentado que un bracero chino”. El 73.º de Fusileros de Hannover formaba parte de la primera ola de asalto en la Ofensiva Michael y, junto con batallones de asalto especialmente entrenados y equipados, tenía que ir muy cerca detrás de la cortina artillera móvil e infiltrarse en el sistema de trincheras británico antes de penetrar en campo abierto más allá. Las filas de esos batallones tenían soldados muy entrenados, con sus propias armas y equipo especiales, pero eran demasiados pocos para realizar todas las tareas planeadas para el asalto. No obstante, el 73.º de Fusileros Hannover era realmente un batallón de asalto, y Jünger había entrenado a la compañía de asalto del 2.º Batallón en 1917. En los meses anteriores a la ofensiva, el Regimiento había practicado una y otra vez las tácticas de asalto que iba a aplicar, exigiendo Jünger total realismo. Su diario de guerra señala: “En ocasiones, hacía ataques reales con la compañía en sistemas complicados de trincheras, con bombas reales, con el fin de aprovechar las lecciones de la batalla de Cambrai (de noviembre de 1917)”. Esto implicaba sufrir pérdidas y también causarlas. Sigue Jünger, “un ametrallador alcanzó al oficial de otra unidad, derribándole de su caballo mientras revistaba sus propias tropas”.