miércoles, 3 de marzo de 2010

La Ofensiva Michael, la ferocidad germana (segunda parte)

El 17 de marzo, la compañía de Jünger marchó a la línea del frente alemana. La misión del Regimiento era penetrar entre los pueblos de Ecoust-St. Mein y Noreuil, campo a través por caminos hundidos, terraplenes de ferrocarril y canteras. Esta área de la línea británica lo defendían los batallones 2.º a 6.º de North Staffords, parte de la 59.ª División del III Ejército. Los soldados de este batallón eran reservistas de segunda línea reclutados de alrededor de Burton-on-Trent. El batallón tenía una alta proporción de jóvenes reclutas y no estaba considerado como una unidad particularmente poderosa. Había pocas defensas en profundidad, y escasez de material y suministros de trinchera. En la noche del 19 al 20 de marzo, la compañía de Jünger avanzó a refugios subterráneos de primera línea para el asalto. Por desgracia, se vieron envueltos en fuego de artillería británico y un obús cayó sobre una parte de la compañía protegida en un enorme cráter. Como consecuencia, incluso antes de comenzar la batalla, Jünger había perdido más de 80 hombres y se vio mandado a sólo 63 fusileros. Estas fuertes pérdidas anteriores al combate deprimieron a los supervivientes, que pasaron todo un día esperando la orden de ataque bajo cañoneo irregular. No obstante, su excitación era grande ya que pasaron las últimas 5 horas escuchando y observando el bombardeo artillero alemán. Después que Jünger y sus fusileros hubieron cruzado la primera línea de trincheras británica, corriendo entre humo y gas flotante, llegaron a un terraplén ferroviario y se vieron bajo fuego de ametralladora. Comenzaron entonces a abrirse paso a través de una red de trincheras y refugios subterráneos. Cuenta Jünger: “Por primera vez en la guerra, vi gran número de hombres en combate cuerpo a cuerpo. Los ingleses defendían trincheras de dos terraplenes en la ladera trasera. Se intercambiaron disparos y cayeron bombas a pocos metros de distancia. Salté a la primera trinchera
tropezando con el primer travesaño, choqué con un oficial inglés con una capa abierta y su corbata suelta. Le agarré por la garganta y le arrojé contra los sacos de arena, donde se hundió. Detrás de mí apareció la cabeza de un viejo comandante. Me gritaba: “¡Disparadle!” Dejé esto para los que venían detrás y me dirigí a la trinchera inferior. Me enfurecí con los ingleses. Disparé mis cartuchos tan ferozmente que apreté el gatillo 10 veces al menos después del último disparo. Un hombre cerca de mí arrojó bombas contra ellos cuando trepaban para escapar. Un casco con forma de plato giraba en el aire, muy alto. En un minuto acabó la batalla. Los ingleses salieron de sus trincheras y huyeron por los batallones campo a través”. El oficial que mandaba a los North Staffords, Teniente Coronel T.B.H. Thorne, había sido herido en la cabeza y muerto durante el ataque, que deshizo el batallón y dejó sólo bolsas aisladas de resistencia. El espíritu combativo de Jünger estaba casi fuera de control, quitó el arma a un fusilero y comenzó a disparar a los británicos en retirada. Al matar a su primera víctima a 150 metros, Jünger le observó cuando “se partió como la hoja de un cuchillo y cayó”. Pero incluso entre tal carnicería hubo algunos momentos absurdos, como cuando uno de los fusileros de Jünger se detuvo para disparar a una liebre que había saltado y corría a través de sus líneas. Los alemanes tenían que mantener el ímpetu del ataque para impedir a los británicos que consolidasen sus defensas. En un momento, la 7.ª Compañía se vio detenida por dos ametralladoras británicas, una en cada lado de un hoyo. Después de una breve pausa, Jünger atacó con unos pocos hombres. Era una lucha a muerte. Después de uno o dos saltos adelante, quedé frente a la posición de la ametralladora a mano izquierda, con sólo un hombre. Podía yo distinguir claramente un casco plano detrás de un terraplén bajo, y justo detrás, una fina espiral de vapor o vaho.
Me acerqué a pequeños saltos, para no dejar ninguna posibilidad. Cada vez que me echaba al suelo, el hombre me disparaba un cargador y yo disparaba unos pocos tiros cuidadosamente. “¡Cartuchos…cartuchos!”, rodeé y le vi tirado retorciéndose sobre un lado.