sábado, 14 de febrero de 2009

Los lanzadores múltiples de misiles, “la lluvia mortal”

Hasta hace solo algunos años solo el ejército de la Republica Federal Alemana (antes del fin de la Guerra Fría), compartía el entusiasmo de los soviéticos por los lanzacohetes de artillería. En el Frente del Este de la Segunda Guerra Mundial, ambos bandos complementaron su artillería clásica con un fuego masivo de cohetes, capaces de batir las posiciones enemigas con una intensidad salvaje. En unos pocos segundos, una batería de lanzacohetes puede lanzar una cantidad increíble de explosivo sobre un objetivo y, si lo sorprende sin preparación, los resultados pueden ser catastróficos. Los lanzacohetes de artillería son sistemas de armas ofensivos ideales, capaces aplastar las defensas enemigas momentos antes del ataque. Son idóneos para el lanzamiento de intensas concentraciones de humo con las que ocultar un avance, y también como vectores de agentes químicos, cuya letalidad es mayor si pueden arrojarse de una sola vez en lugar de gradualmente como lo haría un fuego de artillería convencional, por intenso que este pudiera ser. El Light Artillery Rocket System (LARS) del Ejército de la RFA esta montado en el altamente maniobrable camión todoterreno de 17 toneladas Magirus-Jupiter. Puede disparar diversos tipos de municiones –de alto explosivo, fumígenas, incendiarias, contra vehículos y contracarro- incluso en cargas mixtas. Hace ya algunos años se ha sumado a este variado arsenal la nueva submunición AT-1 Pandora, especialmente indicada para batir concentraciones de vehículos y de infantería desmontada. Aunque el LARS parecía muy avanzado cuando entro en servicio, la evolución a principios de los años setenta, de una nueva generación de piezas autopropulsadas soviéticas y la aparición de nuevos blindajes para carros se aliaron para convertirlo en un medio desfasado.
El obús 2S1 de 122mm, aparecido en 1974 en los regimientos soviéticos de carros y los de infantería equipados con el BMP, superaba en alcance al LARS, y el blindaje de los carros de combate T-64/72 que entraban en servicio en el GFSA (Grupo de Fuerzas Soviéticas en Alemaniaj) era tal que el comparativamente ligero cohete de 110mm del LARS debía conseguir un impacto directo si quería dañar a los carros mencionados. La necesidad de un cohete mayor, de más alcance y dotado de mayor precisión fue subrayada por el cambio en el pensamiento táctico que por entonces estaba teniendo lugar en la OTAN. Anteriormente, la Alianza había concentrado sus recursos en la destrucción del enemigo en la línea del frente, aunque después, se ponía de manifiesto la importancia de golpear mas el interior de las líneas enemigas para perturbar su red de mando, control, transmisiones e información (lo que la OTAN llamaba C3I). si bien los cazas bombarderos volando a baja cota podían hacerse cargo de esta misión a unos 50km y mas atrás del FEBA (limite avanzado del área de batalla), no podían operar mas cerca del frente sin exponerse a sufrir fuertes perdidas a manos de los sistemas antiaéreos enemigos. Lo que la Alianza necesitaba era un cohete de largo alcance.
El resultado fue el MLRS (Multiple Launch Rocket System), que entro en servicio –en la Primera División de Infantería Mecanizada de EEUU, con base en Fort Riley (Kansas)- en 1983. Montado en el vehiculo oruga autopropulsado de carga y lanzamiento SPLL, un derivado de la barcaza del M2 Bradley, el MLRS posee la movilidad y la velocidad suficientes para combatir junto a las unidades acorazadas. Su capacidad de detenerse, disparar 12 cohetes apuntados hacia objetivos diferentes y retirarse, todo ello en el espacio de 90 segundos, hace de el un arma formidable. Sus tres tripulantes (jefe de pieza, conductor y apuntador-tirador) pueden recargar el sistema desde dos contenedores, cada uno de ellos con seis tubos precargados sin abandonar la protección que les brinda la cabina acorazada. Cada vehiculo esta equipado con su propio ordenador y sistema de navegación inercial, que puede ser programado independientemente por un oficial de observación avanzada situado en el propio frente, con lo que se ahorra un tiempo considerable. La dotación puede disparar los cohetes individualmente, por parejas o en salva en menos de un minuto, y el control de tiro corrige la puntería después de cada disparo. El MLRS ha sido diseñado para emplear tres tipos principales de submuniciones: bombetas antipersonal, minetas contracarro y submisiles guiados. Más tarde se ha desarrollado una cabeza de guerra química de tipo binario. La bombeta M-77, elegida por varios ejércitos, puede ser de gran valía contra vehículos “blandos” (desprotegidos), transportes acorazados de personal y artillería remolcada. Cada uno de los cohetes, que pesa 159kg, alberga 644 bombetas de esta clase, de manera que un MLRS es capaz de dispersar un total de 7728 de estas submuniciones sobre un área dada. Para hacerse una idea del daño potencial que esta arma puede provocar, baste con decir que una batería de MLRS puede arrasar una zona equivalente a cuatro estadios de fútbol y que es suficiente con dos lanzadores para destruir una batería artillera emplazada a unos 30km de distancia. Aunque estas bombetas suponen una ventaja evidente cuando se emplean contra objetivos poco protegidos, son prácticamente inútiles contra ataques masivos de carros, y para objetivos como éste se desarrollo la munición AT-2. Cada cohete consiste en siete cabezas de guerra o submuniciones independientes.
Aproximadamente a un kilómetro del área del objetivo, el cohete se desintegra y libera las submuniciones, que localizan sus objetivos y caen en paracaídas sobre las partes más vulnerables de los carros, sus blindajes superiores. Por más precisa que sea un arma –y el MLRS figura entre las que más lo son- solo alcanzara su objetivo si es apuntada de la forma correcta. Los objetivos situados a 30km están mas allá de la línea de mira, de modo que deben emplearse maneras alternativas de localizar el objetivo. Tradicionalmente se han empleado con este fin aviones y helicópteros de observación artillera, pero las modernas armas antiaéreas hacen que ahora resulten impracticables. Muchos países se inclinan por el empleo de aviones de control remoto (RPV) como solución al problema. Tales “aviones” –“zánganos”-, como suelen denominarlo la tropa, pueden ser preprogramados o controlados por impulsos de radio generados desde la seguridad de las líneas propias. El “zángano” envía de regreso señales en tiempo real que son traducidas en instrucciones de tiro para las piezas. Uno de estos “zánganos” es el “Phoenix”, un RPV avanzado que opera junto al MLRS en regimientos y que, en ultimo termino, asumirá también las responsabilidades de localizar objetivos para el fuego de contrabatería de las unidades de cañones M-107 de 175mm. Aunque la introducción de este sistema ha provocado cambios profundos, con la disolución de unidades de observación tradicionales, es evidente que el Phoenix permite a los artilleros explotar la totalidad del enorme potencial destructivo del MLRS.