lunes, 2 de febrero de 2009

Los proyectiles especiales en las guerras modernas (parte final)

Proyectiles incendiarios

Se trata de proyectiles, como su nombre indica, destinados a producir incendios en el lugar de impacto. Generalmente se componen de un blindaje normal y un núcleo que deja libre una cavidad en la parte de la ojiva, lugar en donde se deposita la materia inflamable, casi siempre fósforo blanco. Cuando el proyectil choca contra el blanco se rompe la camisa o blindaje exterior, dejando en contacto con el aire el fósforo blanco que se inflama. Este tipo de proyectiles producen la inflamación del fósforo en el momento del impacto, pero existen otros que comienzan a arder desde el momento que salen de la boca de fuego y llegan de esta manera ardiendo al objetivo.

En estos últimos las sustancia inflamable va colocada en el culote del proyectil, que va obturado por un tapón; sin embargo, queda un orificio en el lateral del proyectil que se tapa con una sustancia fácilmente fusible, al producirse el disparo –bien por el calor producido por la combustión de la pólvora o por el roce del proyectil con el anima del cañón- se funde este tapón dejando en contacto con el aire al fósforo blanco y comienza a arder.
Al igual que todos los cartuchos especiales, estos llevan un color pintado en la ojiva que puede ser azul, plata, naranja, etc., dependiendo como siempre el país de origen.


Proyectiles explosivos

Los cartuchos con proyectiles explosivos son de diseño bastante antiguo, en un principio se empleaban exclusivamente para la caza. Existían dos modelos, ambos patentados a mediados del siglo XIX. El llamado Norton, por ser este el nombre de su inventor, consistía en un cuerpo cilíndrico de latón en el que se colocaba la materia explosiva, generalmente fulminante de mercurio mezclado con clorato potasico, y rodeando a este cilindro una envuelta de plomo, corcho o cuero. La carga explosiva detonaba debido a la presión del golpe que sufría el proyectil en el momento del impacto.

Otro modelo era el patentado por Gardiner, en el que una pequeña mecha, que se encendía en el momento del disparo y como consecuencia de la combustión de la pólvora, era la encargada de producir la explosión del proyectil; el empleo de distintas longitudes de mecha causaba la explosión en el momento y distancia deseada. Los primeros, más perfectos para que explotasen justo al llegar al blanco, no resultaban muy eficaces en su empleo en piezas de caza, ya que producían grandes heridas muy superficiales.
Modernamente los proyectiles explosivos van dotados de una espoleta que funciona o bien por contacto o bien a tiempos, igual que los modelos primitivos, pero provistas de un retardo se puede conseguir la explosión una fracción de tiempo después del contacto con el objetivo, con lo que la explosión se produce en el interior del objetivo siendo mucho mayores los efectos conseguidos de esta manera.

De esta forma funcionaban algunos proyectiles empleados en marina, los que después de atravesar el casco de la nave enemiga explotaban en su interior causando grandes destrozos tanto en personal como en instalaciones. Obviamente en la actualidad estos proyectiles han reducido su uso a fines bélicos, especialmente contra personal protegido o al descubierto y en la defensa antiaérea.


Proyectiles de reglaje

Son un tipo de proyectiles que en el punto de impacto desprenden una pequeña cantidad de humo y que sirven para que el tirador sepa el lugar del impacto. Otros en vez de humo producen una pequeña llamarada. Se utilizan principalmente en practicas de tiro reducido.

Proyectiles subsónicos.

Son los destinados a ser empleados en armas provistas de silenciador. No difieren en nada de los normales, salvo en la carga de proyección que es menor. Con ello se consigue una velocidad del proyectil menor que la del sonido, 340mt por segundo.

Los silenciadores aplicados a las armas de fuego son realmente eficaces cuando se disparan proyectiles subsónicos, y de no ser así la reducción del estampido del disparo es muy pequeña o casi nula.


Proyectiles sub. calibrados de alta velocidad.

La velocidad de un proyectil depende del peso y de la carga de proyección. Así un cartucho de un calibre, por ejemplo 30-06, disparado por un arma convencional, puede ser un fusil de cerrojo, empleando un proyectil de peso determinado, con una carga de pólvora determinada, dará una velocidad inicial en la boca de esa arma. Si queremos aumentar la velocidad, lo conseguiremos aligerando el peso del proyectil y conservando la misma cantidad de pólvora, o aumentando la carga de pólvora y conservando el peso del proyectil o modificando ambos. Pero hay un factor a tener en cuenta que es la presión en recamara que debe permanecer constante, ya que si se aumenta demasiado se corre el peligro de rotura del arma. Por esto solo nos podemos mover dentro de unos límites, ya que si el proyectil es muy ligero la estabilidad de este se reciente grandemente perdiendo toda precisión.

Para solucionar el problema se diseño un proyectil de poco peso pero de menor calibre, con una reacción peso-longitud que le dotaba de una forma muy aerodinámica y de un gran coeficiente balístico. El problema era ahora que al ser menor el calibre del proyectil que el del arma, este saldría bailando por el ánima sin tomar las estrías y con ello no conseguiría ni precisión ni velocidad. Esto se resolvió dotando al proyectil de una camisa, generalmente de materia plástica, que perdía en el momento de salir del cañón, continuando la trayectoria el proyectil.
La velocidad conseguida por este tipo de proyectiles es muy superior a la que puede tener la misma arma utilizando proyectiles de su calibre. Manteniéndose la misma carga de proyectiles sin aumentar la presión en recamara.

Proyectiles complejos.

En este grupo están incluidos aquellos que reúnen más de una característica de las explicadas anteriormente. Pueden ser, entre otros: proyectiles perforantes- trazadores; proyectiles perforantes- incendiarios; proyectiles perforantes- incendiarios-trazadores.
Aunque de fabricación más compleja, su uso es muy normal.