
-El venablo
Durante el medioevo, este travesaño sufrió una transformación; adopto la forma de dos triángulos y la parte superior se alargo presentando márgenes afilados para así poder golpear también con el tajo.

Un tipo especial de venablo usado entre los siglos XV y XVI fue el de a la furlana. Estudiado expresamente para ser utilizado contra la caballería, presenta un largo espiche reforzado y dos cierres alargados, curvados hacia la parte inferior, cortantes en lo convexo y obtusos en lo cóncavo. Su función consistía en descarretar a los caballos o enganchar a los jinetes para derribarlos al suelo. Los espiches de los venablos tenían formas dimensionales diversas: de largas puntas agudas, con sección triangular o romboidal, se pasaba a cortos y robustos hierros, dispuestos para superar también las defensas contrarias de coraza metálica. Algunos venablos da caza son de hierro forjado en una ancha hoja de salvia, acanalada en el centro y afilada entre ambos márgenes. Una punta de este tipo no era ciertamente idónea para combatir contra jinetes contra armadura, pero podía provocar anchas y profundas heridas a cualquier clase de fiera europea.

Del venablo a la furlana derivo la partesana, muy parecida a la anterior en su estructura, pero dotado de púas mas importantes y largas; el perfil en enriquecido con varias molduras, de forma parecida a ala de murciélago, llamadas garras. De la virola salían largas bisagras que reforzaban la unión en el mango.

La lanza fue arma propia de los jinetes; fue utilizada hasta el año 1942, cuando en Rusia la caballería italiana lanzo su última carga. Son componentes esenciales de la lanza un espiche de formas variadas (con punzón reforzado, en hoja de sauce o de salvia –con acanaladura central y márgenes afilados-, con cilindro o con punta redondeada) y una larga asta de madera (de fresno en las lanzas de guerra, de abeto en las de torneos). La punta se ensamblaba en el asta mediante la virola, elemento en forma de embudo en el que penetraba la extremidad del asta. La tendencia a construir lanzas cada vez mas largas –en el siglo XV, la longitud de una lanza de caballería oscilaba alrededor de los 4mts- llego a producir ejemplares demasiado pesados. Se rectifico este defecto modificando la forma del asta, de cilíndrica a tronco-cónica, acanalando su superficie en el trecho de mayor espesor o simplemente vaciando en buena parte la interior.


Ya a finales del mismo siglo es adoptada la resta, una especie de soporte metálico aplicado al lado derecho de la armadura, destinado a aguantar el asta de la lanza que se sujetaba mediante una sólida correa de cuero. Con esta mejora, la lanza llega a ser prácticamente parte integrada del conjunto caballo-jinete, y capaz de transmitir su enorme potencia de impacto.


Parecido a la lanza, pero con asta mas corta y hierro mas largo, fue el punzón de brecha, con la punta soldada, de sección cuadrada, que era idóneo para socavar las piedras de las fortificaciones, además de servir para atravesar cualquier armadura.

El arma en asta que fue utilizada durante mayor periodo de tiempo fue la pica. Características de las tropas de a pie, participo en las campañas militares de los antiguos griegos y resulto tácticamente decisiva en las falanges macedonias a las ordenes de Alejandro Magno.

Compuesta de una larga asta (5 ò 6mts e incluso más), rematada por un hierro de forma variable, pero generalmente en forma de hoja de salvia, la pica estaba reforzada en la unión de los dos pernos metálicos y presentaba un elemento llamado contera, que remataba el asta en la extremidad opuesta de la punta. Su eficacia era máxima utilizado por tropas en orden cerrado, y representaba la única defensa posible contra una carga de caballería.


Muchas de las armas en asta procedían del mundo rural, acostumbrado a adaptar los propios instrumentos de trabajo a las exigencias bélicas. La disparidad de medios ofensivos y defensivos, que colocaban a la infantería en desventaja con respecto a la caballería, incitaba la primera a emplear armas que no permitieran aproximarse demasiado al jinete, alcanzándoles en su posición mas elevada. La solución consistía en adaptar los propios instrumentos agrícolas, oportunamente modificados, sobre mango largo.

Citaremos entre estas el bieldo de guerra, derivado del mas modesto y tosco, pero siempre envidiable, horcón agrícola; tenia dos o mas púas, rectas y robustas. Además de cómo arma demostró ser también útil para erigir escalas de asedio contra las murallas o para empujarlas desde las almenas.
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