jueves, 1 de abril de 2010

Tácticas de combate, atrincherarse (primera parte)

El éxito en la batalla depende no sólo de eficaces operaciones ofensivas, sino también de conservar y consolidar el terreno desde el que puedan montarse futuras acciones ofensivas cuando llegue el momento propicio. Una defensa eficaz sirve también para desgastar a las fuerzas enemigas, de manera que éstas estarán más débiles cuando se pase a la ofensiva.
En primer lugar hay que entender la forma en que una trinchera mejora las posibilidades de supervivencia. Incluso un modesto pozo de tirador puede proporcionar cierta protección contra los efectos de las armas convencionales y nucleares, pero dicha protección es mucho mayor a medida que la trinchera se hace más profunda y se le añade un techo. Los proyectiles de artillería pueden hacerse detonar al hacer impacto contra el suelo o bien a cierta altura sobre el mismo. En este último caso, deben estallar directamente encima de una trinchera para que tengan la posibilidad de herir a sus ocupantes. Suponiendo que se tenga tiempo de dotar a la trinchera con un techo, éste la guardará de las explosiones aéreas. Pero aun cuando no se haya podido hacer, si se logra resguardo detrás del parapeto se podrán evitar todos los fragmentos de metralla salvo aquellos que provengan de una granada que explosione directamente encima de la defensa. Las granadas de artillería que estallan por percusión deben conseguir virtualmente un impacto directo para causar un daño serio; de lo contrario, saldran con una fuerte conmoción y sordera temporal. La fuerza de una explosión sigue la línea de menor resistencia y se expande hacia arriba y los lados, dejando un agujero sorprendentemente pequeño en el suelo. Sin embargo, las trincheras serán más eficaces cuando cuenten con un revestimiento apropiado. Su finalidad es triple: impedir que las paredes de la obra se vengan abajo bajo su propio peso; impedir también que esas mismas paredes se desgasten y se caigan; y reforzar dichas paredes contra los efectos de un bombardeo enemigo. Una trinchera de paredes verticales, que es como se suelen construir, proporciona mucha mayor protección que una en la que aquéllas estén inclinadas, pero es más fácil que se vengan abajo por su propio peso. Existen dos tipos básicos de revestimientos: el superficial, que necesitará cierta forma de apoyo; y el integral, que puede sostenerse por sí mismo. Ejemplos de revestimientos superficiales son las planchas onduladas de hierro galvanizado, las tablas de madera, el metal expandido y sustancias manufacturadas como la fibra de vidrio. Incluso pueden utilizarse ramas de árboles y matojos. Pero, sea cual fuere el que se emplee, se debe mantener el material en su sitio empleando largas estacas clavadas en la tierra. Estas estacas se fijan mediante cables o cuerdas a unas más cortas y se mantienen separadas con miembros transversales. El revestimiento superficial resulta mucho más fácil si se utilizan planchas de metal ondulado. Se trata de material prefabricado que puede servir para la esquina de una trinchera o aguantar el techo de la misma. Los revestimientos integrales suelen construirse con sacos terreros.
En una guerra altamente móvil como la actual es poco probable que se tenga tiempo de revestir la trinchera, pero en operaciones más estáticas, sobre todo en las de seguridad interna, es posible que se disponga de tiempo para ello. Existen varios métodos de preparación de una posición defensiva. El más obvio de todos es a mano, valiéndose del más infatigable amigo del infante, su herramienta de zapa. De hecho, ésta es a veces el único medio de trabajo posible, sobre todo cuando se desea cavar sin ser visto u oído. Un método de zapa más rápido es empleando explosivos, El principio de la excavación de esta clase es que un número de pequeñas cargas explosionan debajo del terreno para que quede más blando y suelto, de modo que los infantes puedan abrir la posición utilizando sólo sus palas, sin necesidad de recurrir a los picos.

1 comentarios:

Hidalgo de las Antipodas dijo...

Buenisimo tu blog.
Realmente genial como resaltas los grandes hombres de la historia.
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