domingo, 24 de enero de 2010

La vida en las trincheras de la Primer Gran Guerra (primera parte)

En Francia y en Flandes, el frente no era una sola línea sino varias. El sistema británico de lucha en el frente era bastante regular. Al otro lado de las líneas enemigas se encontraba la trinchera de fuego, construida en zigzag para reducir el efecto de las explosiones y para evitar que un ataque mortal desde el flanco pudiese atravesarla de lado a lado. La trinchera tenia la profundidad suficiente para evitar el peligro de la metralla, aunque no lo bastante como para librarse de los francotiradores. El suelo estaba cubierto de tablillas de madera; había unos peldaños o un reborde para que el soldado subiera hasta el nivel del suelo. A veces la línea del frente del enemigo estaba situada apenas a 45 m de distancia. Con frecuencia, en la “tierra de nadie” había lo que se conocía como zapa de avanzada, o puesto de escucha, que sobresalía de la línea del frente. En el sector británico, la segunda línea, construida de la misma forma, era una línea de apoyo, conectada con las líneas de reserva por medio de una trinchera de comunicación. La distribución de las fuerzas en los sectores franceses era más irregular. Las trincheras que contaban con dotaciones completas de hombres y equipos se alternaban con otras posiciones con escasas defensas. La tierra de nadie se definía por medio de dos líneas gruesas de alambre de púas, interrumpidas de vez en cuando por los puntos de entrada para las patrullas. Mas allá de las trincheras de apoyo había unos refugios subterráneos más profundos, que por lo general no contaban con una línea de reserva, como en el caso británico. Desde luego, las condiciones variaban en cada lugar, y sobre todo Verdún era un caso especial. El sistema de trincheras alemán era mas complejo y, según algunos informes, estaba mejor construido y mantenido. Esto se debió al hecho de que, durante largos periodos, el ejército alemán se mantuvo a la defensiva, y necesitaba un ambiente que permitiera que sus hombres resistieran los bombardeos y los ataques masivos de los aliados. Los refugios subterráneos (o bunkers) alemanes protegían de los bombardeos preliminares del enemigo que precedían a la mayoría de los ataques, tras los cuales resurgían las dotaciones de las ametralladoras y los soldados de apoyo para aniquilar las líneas de avanzada de las tropas enemigas. La línea alemana era mucho más profunda que la británica. Por ejemplo, en Nueve Chapelle, en el norte de Francia, había una distancia de unos 2.500 m entre la trinchera del frente, completamente guarnecida, y la de apoyo, y una distancia similar separaba la trinchera de apoyo de la reserva, situada detrás. Además, alrededor de 800 m detrás de la línea del frente había una cadena de emplazamientos de ametralladoras, protegidas con hormigón. Entre cada uno de estos puntos de disparo había un intervalo variable, que podía alcanzar los 600 m. En 1916, los alemanes desarrollaron un sistema nuevo, conocido con el nombre de “defensa plana”, que proporcionaba a los hombres mucha más flexibilidad. Consistía en una defensa leve de la primera línea, fácil de evacuar en caso de producirse un ataque enemigo. La segunda y la tercera líneas ofrecían un contraataque impresionante, que hacía retroceder a las tropas enemigas, exhaustas, de las posiciones que acababan de ocupar. Ernst Jünger comparaba este sistema con un “tendón” o un cepo de acero, que al principio parece flexible pero que está dispuesto a cerrarse de un golpe en cuanto ha absorbido la presión inicial. Pero incluso Jünger, que escribió manuales tácticos para el ejército alemán y memorias de la guerra después del armisticio, ha reconocido que esta descripción ofrece una visión demasiado matemática o arquitectónica de las trincheras. Había mucha más variedad en cuanto al emplazamiento y el enlace de las tropas de lo que sugieren las descripciones lineales del frente. Jünger prefería la imagen de una red, en la cual, a medida que avanzaban, los soldados quedaban atrapados en distintos puntos y a diferentes profundidades. La irregularidad de la red da una idea del sistema variado y vasto de fortificaciones y trincheras que los franceses construyeron en Verdún. En 1916, tuvo lugar allí la campaña más difícil y sanguinaria de toda la guerra. Durante los diez meses que duró la batalla, los enormes fortines de hormigón, como Fort Douaumont y Fort Vaux, fueron defendidos por sus propios contingentes, algunas veces conectados con otras unidades, otras veces aislados y rodeados. Manojos de fortificaciones como éste no eran raros en el frente occidental. Las maniobras de Verdún deben su carácter exclusivo al hecho de que se realizaran a una escala absolutamente monumental. El 15 de julio, cinco meses después de que los alemanes lanzaran los primeros ataques, setenta divisiones completas, de total de 95 que había en el ejército francés, habían pasado por Verdún. Sirvieron en un frente de menos de 30 km, en los que quedaron los restos de más de 650.000 hombres.