sábado, 24 de enero de 2009

El principio de la caballería pesada, los catafractos bizantinos

Después de la caída de Roma, el imperio Romano de Oriente, con capital en Bizancio o Constantinopla, como fue rebautizada en el año 330, iba a sobrevivir durante otros mil años. A diferencia de los dirigentes de Roma, los bizantinos habían comprendido el error de sus técnicas militares y se habían dado cuenta de que había terminado el dominio de la infantería. Tenían que adoptar los principios militares de los bárbaros con los que estaban luchando, perfeccionarlos, mejorarlos en cuestiones de equipo y organización, y luego derrotar al enemigo en el campo de batalla usando su propia arma. Este arma era la caballería. Mejorada por ese entonces por dos inventos llegados desde el este, que hicieron posible el desarrollo de una verdadera caballería pesada que asumiría un importante papel como fuerza de choque, a diferencia de las anteriores fuerzas montadas que habían tenido que basar sus acciones en el disparo de proyectiles. Estos dos inventos eran la silla de montar y el estribo, que llegaron al mundo occidental hacia los años 350 y 500, respectivamente. Su introducción dio al jinete pesadamente acorazado una resistencia mucho mayor al ataque, permitiéndole permanecer sobre su caballo aun en las condiciones mas duras de la batalla. Naturalmente, al mismo tiempo incrementaba sobremanera su poder ofensivo. La base de los ejércitos bizantinos a partir de mediados del siglo VII era el jinete pesado con armadura de escamas de metal. La evolución de este tipo de caballería pesada se había iniciado unos 100 años antes con el excepcional general Belisario (aprox. 505- 565d.C.), que había reconquistado parte de Italia y el norte de África para el emperador Justiniano I (483-565d.C.). Los ejércitos de Belisario estaban compuestos por tres tipos de caballería: en primer lugar, los jinetes pesados de Bizancio, armados con lanzas, espada y arco (siendo esta el arma principal) y acorazados con casco, cota de malla (hecha de centenares de anillos de hierro entrelazados) y escudo; el segundo tipo lo componían los arqueros auxiliares Hunos menos armados y acorazados; y por ultimo, en tercer lugar, lanceros germanos o eslavos, fuertemente acorazados, que eran empleados como tropas mercenarias. A través de un proceso de experimentación, que fue acelerado por unos encuentros inicialmente desastrosos con un nuevo enemigo, los musulmanes, hacia la primera mitad del siglo VII los bizantinos habían perfeccionado su sistema militar que tantos éxitos les dio. Como se ha dicho, el elemento principal era el arma de caballería, que ahora había sido reorganizada en dos tipos: el catafracto, con su espada, lanza y arco, protegido por el casco de acero, cota de malla que les cubría todo el cuerpo, espinilleras y escudo; y los traperitas, menos acorazados y equipados con un arco o una lanza. La otra arma principal, la infantería, había sufrido una transformación total a partir de la antiguo tipo romano; ahora estaba constituida por dos variedades, que se correspondían con las de la caballería: el infante pesado, el scutatus, que estaba provisto de una cota de malla hasta los pies y un casco de acero y llevaba un hacha de guerra, y el infante ligero. Algunos de estos últimos no llevaban protección corporal –aunque otros vestían cotas de mallas cortas-, pero todos tenían arcos muy potentes. Apoyados por una buena organización logística, bien entrenados y competentemente dirigidos (a veces incluso brillantemente), los soldados bizantinos fueron los mejores de principios de la Edad Media. La caballería había recuperado su importancia e iba a dominar la escena militar europea hasta la aparición de nuevas armas de infantería capaces de resistir una carga de la caballería pesada.