lunes, 26 de enero de 2009

Mercenarios del Renacimiento, las compañías saquean Europa

Desde alrededor del 1400 aprox., Italia era recorrida por profesionales de la guerra, y en primer lugar por las compañías de tipo habitual, especie de Estados militares nómadas, dirigidas por extranjeros (Forestieri): un hidalgo provenzal, antiguo fraile menor convertido en caballero de Rodas y luego en jefe de banda; Fra Moriale, decapitado en Roma como un bandido, después de Cola de Rienzo; el Duque de Werner de Urslingen, “enemigo de Dios, de la piedad y de la misericordia”; el ingles John Hawkwood –Giovanni Della Bande Nere- y su “compañía santa”; los bretones de Sylvestre Budes, que se vanagloriaba del saqueo de Cesena. Cansados de los extranjeros, los Estados se dirigieron a continuación a Italianos: fue la era de la condotta que duro hasta el segundo cuarto del siglo XVI. La compañía, reclutada en una región determinada de la península, tiene un carácter estrictamente “nacional”; nace de la personalidad de su jefe, que incluso le da nombre y, ambicioso de origen noble, escoge sus hombres en su clientela y les recompensa más como asalariados que como asociados. En aras de un rendimiento constante, prefiere explotar que destruir, y por esto conserva su tropa en estado de servir y discutir con el que le contrata las obligaciones reciprocas; es un empresario en busca del partido mas ventajoso. La “Lanza” italiana es solo de tres hombres –uno solo combatiente- pero las unidades se agrupan claramente: cinco lanzas forman un “cuerpo”, diez una enseña y veinticinco una bandera; el numero de soldados a pie, fanti (de donde infantería), tiende a igualar el numero de jinetes. Todos eran perfectos conocedores de su oficio, tan bien encuadrados y dirigidos que, a pesar de su proverbial versatilidad, la reputación de los condottieri se impuso en occidente, de Giovani degli Ubaldini (siglo XIV) a Bartolomeo Colleone y Francesco Sforza (siglo XV), pasando por los Malatesta, Carmagnota y Piccinino. Cuando Carlos el Temerario, el príncipe de Valois mejor enterado probablemente de las cosas militares se propuso reorganizar sus fuerzas, se aconsejo con el italiano Campobasso y, combinando las costumbres de Italia y de Francia, encontró los principios de su gran ordenanza de 1473. Sin embargo, ya estaba retrasado: los suizos reconstituyendo la falange antigua en un cuadrado de 16 picas de lado, se anunciaban como los soldados del futuro. De todas formas ya no se improvisa el guerrero y el nacimiento noble ya no confiere, sino el destino, al menos la aptitud: el oficio hay que aprenderlo.