martes, 29 de diciembre de 2009

Castilla arde, Pedro el Cruel y Enrique se enfrentan a muerte (primera parte)

El trono de Pedro el Cruel de Castilla le era disputado por su hermano ilegitimo, pero mas popular, Enrique. Para complicar las cosas, la esposa de Pedro había fallecido de forma inexplicable hacia poco tiempo y era cuñada de Carlos V de Francia. Enrique, financiado por Aragón, se aseguro también el apoyo francés. El papa Urbano V se puso también de su lado y, con la misión de desterrar la herejía de los judíos y musulmanes que combatían por dinero en el ejército de Pedro, promulgo una cruzada contra el rey castellano. Mercenarios franceses sin empleo comenzaron a llegar ante la perspectiva de una paga y, dada la llamada a la cruzada, añadieron cruces blancas a sus armaduras, una primera forma de refundación de empresas. Carlos nombro a Bertrand du Guesclin de Bretaña como comandante. Si bien de baja cuna, era un valiente soldado y un mejor y astuto táctico. Primero condujo su ejército hasta Aviñón para que fuera bendecido por el Papa. Espiritualmente enriquecidos, entonces marcharon hacia castilla, donde los acontecimientos se sucedían con rapidez y de forma sangrienta. Se capturaron ciudades, se ajusticiaron profanos judíos y Pedro huyo. Enrique fue coronado y se repartieron las ganancias; pero Pedro no estaba terminado. Consiguió el apoyo del Príncipe Negro de Inglaterra (entonces en Aquitania) y de los reyes de Navarra y Mallorca, renovando así sus pretensiones al trono. Mientras tanto, los mercenarios volvían a buscar trabajo y el Príncipe Negro necesitaba un ejército. El mercado se vio saturado y el Príncipe Negro solo contrato a los que podía pagar. Sumados a los vasallos feudales de Aquitania, los mercenarios se aprestaron a negociar un trato con sus antiguos patrones. Carlos el Malo de Navarra encargo al rey Enrique que bloqueara los pasos de los Pirineos y, seguidamente, al Príncipe Negro que los abriera. Entonces se encerró en un castillo afirmando que lo tenía retenido un caballero francés, de modo que no podía acudir en ayuda de ninguno.
El rey Enrique había reunido sus huestes en Santo Domingo de la Calzada. Desde aquí podía avanzar hacia Pamplona (al nordeste) o hacia Miranda de Ebro (hacia el norte) y luego hacia Vitoria (al norte). Era una buena posición central que los invasores no podrían obviar. Se encontraba además lo bastante lejos de los pasos como para dirigirse a interceptar cualquier intento de invasión, una vez la ruta de esta estuviera clara. Una vez que el Príncipe Negro negocio los pasos, su ejercito acampo cerca de Vitoria, donde 400 años después tendría lugar la famosa victoria inglesa. Enrique traslado su fuerza hacia Anastro, guardando el camino que conducía hacia el suroeste, desde Navarra pasando por Vitoria y Miranda del Ebro hasta la capital de Castilla, Burgos. Fue entonces cuando comenzaron a verse las diferentes tradiciones tácticas de ambos ejércitos. La experiencia española era de grandes llanuras abiertas, así como montañas atestadas, con una caballería acorazada ligera para escaramuzas. Llevaban luchando contra los moros más de 600 años. Las fuerzas del Príncipe Negro y Pedro habían aprendido en Francia, mas densamente poblada y mas intensamente cultivada. Sus exploradores iban más acorazados y en grupos mucho más pequeños, de modo que el Príncipe envío solo a 100 caballeros. Por otra parte, Enrique había enviado a 6.000 hombres a acosar el campamento enemigo, lo que consiguieron con éxito. Ambas fuerzas se encontraron cuando los hombres de Enrique regresaban. Las tropas de Pedro y el Príncipe Negro desmontaron, alejaron sus caballos y formaron un grupo encima de una colina. Allí derrotaron a la caballería de escaramuzadores y luego a varias cargas de la caballería pesada española antes de sucumbir a la carga de la infantería francesa de grupo. Ningún ejercito quería realizar el primer movimiento y durante aproximadamente una semana se estuvieron observando. El Príncipe Negro fue el primero en romper la calma. Una noche abandono el campamento y se dirigió con su ejército al este y el sur cruzando la sierra cántabra y el Ebro en Logroño, que había permanecido fiel a Pedro el Cruel. Había rodeado de forma decisiva la posición de Enrique con una marcha forzada de unos 50 km en dos días. Enrique le siguió en cuanto pudo, cruzando el Ebro en Haro y llegando a Nájera, mientras el príncipe se encontraba en Navarrete, a 9 km al este y en el camino hacia Pamplona. Esta contramaniobra volvió a bloquear el camino del Príncipe hacia la capital.