martes, 22 de diciembre de 2009

Soviéticos aliados del Führer contra el terror de Stalin (primera parte)

Las primeras unidades de voluntarios alistados en Rusia fueron creadas en otoño de 1941 por comandantes individuales del Ejército alemán. Siguiendo su propia iniciativa, organizaron unidades auxiliares con desertores soviéticos, prisioneros (a mediados de octubre de 1941 los alemanes contaban con dos millones de refugiados rusos) y voluntarios de las poblaciones locales. El Ejército alemán había subestimado enormemente la cantidad de soviéticos que se unirían a su causa. Se trataba de un enorme desperdicio de potencial mano de obra, sobre todo dada la insatisfacción que existía contra Moscú entre la mayoría de las minorías étnicas no rusas. Los llamados hilfswilligen (ayudantes de voluntarios), o hiwis, fueron empleados como centinelas, conductores, guardianes de almacén, estibadores y demás. Cientos de hiwis desempeñaron también labores de combates. En julio de 1941, por ejemplo, la 134.ª División de infantería comenzó a alistar abiertamente a voluntarios rusos. En la primavera de 1942, había 200.000 hiwis detrás de los ejércitos alemanes y para finales del mismo año se decía que la cifra alcanzaba el millón. Las razones para este rápido crecimiento no son difíciles de encontrar: los comandantes del Ejército alemán se dieron cuenta de que dado el amplio territorio bajo su control y la escasez generalizada de recursos humanos alemanes, tendrían que recurrir a los reclutas locales. Los hiwis servían como individuos o como miembros de un grupo (hasta el tamaño de una compañía) adscritos a unidades alemanes. El experimento hiwi realizado sin autorización ni de Hitler ni del alto mando, fue un éxito, por lo que los alemanes aumentaron lentamente la panoplia de trabajos realizados por ellos, se formalizaron las condiciones del servicio, se les entregaron uniformes alemanes, y sus raciones alimentarias y su paga casi se equipararon a las de los soldados alemanes. El siguiente paso dado por los alemanes fue la organización de tropas voluntarias, llamadas Osstruppen. Estas tropas, vestidas con uniformes alemanes, guardaban carreteras y líneas de ferrocarril, luchaban contra los partisanos rusos en la retaguardia alemana y, en ocasiones, sostuvieron sectores del frente. Por lo general, las Osttruppen estaban organizadas en batallones y para mediados de 1942 ya había seis de ellos sólo en la retaguardia de Grupo de Ejército Centro. Cada batallón era reclutado entre un único grupo étnico, con los enlaces y ciertos puestos de la oficialidad ocupados por oficiales y suboficiales alemanes. Cada batallón contaba con unos 750 hombres, con reclutas conseguidos en campamentos de prisioneros, prisioneros recién capturados y mediante selección forzosa entre los alemanes y los hombres que ya estaban sirviendo en los hiwis. ¿Qué motivo tenían los hiwis y las Osttruppen? Décadas de inhumana política social, étnica y religiosa habían alienado a inmensos grupos de la población soviética en contra de Stalin. Si en el centro de Rusia el estado de terror había aniquilado o mantenido bajo estrecho control a toda la oposición, en las recientemente liberadas repúblicas bálticas de Ucrania, Bielorrusia y Besarabia la dureza del régimen soviético todavía estaba fresca en el recuerdo. Un breve contacto con el sistema del gulag, la NKVD y colectivización agraria habían bastado para mostrar la verdadera naturaleza del régimen comunista de Stalin. Como resultado, las minorías étnicas de la Unión Soviética estaban más que contentas de ser liberadas e, incluso, de unirse a la lucha contra el bolchevismo. El Führer era visto, por todos estas victimas de los abusos del salvaje comunismo, como el héroe libertador que les abriría las puertas de la libertad. Todos ellos odiaban profundamente al tirano Stalin por la colectivización, los campos de trabajo y el reinado del terror, mientras que otros estaban desilusionados con el sistema soviético tras el primer colapso del Ejército Rojo. Sin embargo, la mayoría no quería pudrirse en los gulags soviéticos. Otros, evidentemente, querían conseguir la independencia de sus propias naciones.