lunes, 7 de diciembre de 2009

El poderoso "88" en acción (primera parte)

Un M4 Sherman se abre paso a través de los setos vivos de Normandia en 1944. No parece haber enemigos a la vista, aunque una exploración detallada habría podido detectar, a casi dos kilómetros de distancia, algo parecido a un aparato de puntería. Segundos después, una de las armas más temidas de la segunda guerra mundial había cobrado una nueva víctima. Uno de los hechos más singulares respecto a los cañones contracarro que prestaron servicio en la segunda guerra mundial reside en que el más famoso de ellos no era un cañón contracarro sino un cañón antiaéreo. Nos referimos naturalmente al “88”, conocido en España como “8 con 8” (y en el chiste fácil “otto con otto”), el cañón que podía poner fuera de combate cualquier carro, desde distancias superiores a las normales para los cañones contracarro. El arma consiguió una fama que en cierto modo ocultó sus aspectos negativos, pero es un hecho que el “88” fue utilizado como cañón contracarro el mismo día que comenzó la segunda guerra mundial y todavía destruía carros enemigos en el momento de concluir el conflicto. El arma fue proyectada y desarrollada como cañón antiaéreo no en Alemania sino en Suecia durante los años veinte, cuando Krupp tenía prohibido fabricar cañones de acuerdo con los términos del tratado de Versalles. Krupp salvó tal obstáculo mediante un grupo de proyectos con sede en Suecia, financiado por el ejército alemán. En 1932, de esta forma, se produjo un excelente cañón antiaéreo instalado entre dos bogies y montado en candelero, sobre un afuste cruciforme, cuando se emplazaba. La boca de fuego era larga y delgada y confería al proyectil una elevada velocidad inicial, entre 820 y 840 m por segundo. El proyectil pesaba 9,6 kg y su alcance máximo era de 10.600 m. Esta característica era, para su época, poco menos que excelente, y cuando el nuevo Ejército alemán comenzó a rearmarse en 1933, los “88” afluían en grandes cantidades desde las cadenas de montaje de la Krupp en Essen. En Alemania, el “88” fue denominado Flak 18 (Flak era la abreviatura de Fliegerabwehrkanone cañón antiaéreo) 8,8 cm y fue distribuido tanto en el Ejército como en la naciente aviación (Luftwaffe) alemana. En las unidades de tierra, los cañones fueron entregados a grupos antiaéreos bajo control directo del Ejército y, como tales, destinados a la protección de las unidades de campaña contra los ataques aéreos. Inicialmente fueron utilizados únicamente en esta misión, pero todo cambió como consecuencia de la guerra civil española que se prolongó entre 1936 y 1939. El momento exacto en que el “88” efectuó el paso de cañón antiaéreo a cañón contracarro no es conocido, pero probablemente tuvo lugar durante los combates desarrollados en gran parte de la guerra en torno a Madrid. Los republicanos contaban con carros procedentes de diversas fuentes, principalmente soviética, mientras que los nacionalistas estaban auxiliados por contingentes alemanes e italianos que intervinieron directamente con las armas necesarias. Entre éstas, por parte alemana, estaba el “88”. En alguna ocasión, un ataque de carros fue detenido con el simple expediente de abrir fuego con uno o más “ocho con ocho” ya instalados en posición para empleo antiaéreo, de forma que podía disparar directamente contra los carros atacantes. El resultado de esta utilización tuvo que ser espectacular porque los carros de la época tenían solamente una ligera coraza y el impacto de un proyectil de 88 mm ciertamente era destructivo. La combinación de un proyectil pesado con una elevada velocidad inicial confería al “ocho con ocho” una excelente capacidad de perforación de las corazas a una distancia hasta entonces inimaginable. La experiencia demostró enseguida que podía poner fuera de combate a los carros a distancias superiores a los 2000 m. Pero esto no fue todo, porque el “88” se demostró igualmente eficaz contra posiciones de campaña, reductos protegidos o casamatas, dado que el proyectil de alto explosivo utilizado contra los aviones era también válido contra las fortificaciones. El hecho fue debidamente registrado por los planificadores militares alemanes y, así, el “88” se convirtió en un arma bivalente y parte integrante del arsenal táctico del Ejército alemán. Fuera de España, pocos observadores militares advirtieron este hecho, y por ello durante la invasión de Polonia, en septiembre de 1939, los “88” pillaron a los infortunados polacos completamente desprevenidos: aprendieron pronto a sus expensas que sus carros eran vulnerables a distancias consideradas seguras hasta entonces. La breve duración de la campaña de Polonia y la aplastante derrota de los infortunados polacos ocultaron la nueva función asumida por el “88” y así cuando los alemanes avanzaron en Francia, en mayo de 1940, la eficacia del cañón produjo nuevamente una auténtica sorpresa, esta vez para los ejércitos francés y británico. El “88” fue utilizado para destruir casamatas durante la corta aproximación al río Mosa a través de las Ardenas, así como para proteger el paso del río en los puntos peligrosos. Únicamente con ocasión del contraataque británico en torno a Arrás, los aliados fueron conscientes de que los alemanes poseían un arma capaz de perforar incluso la pesada coraza de los carros de infantería Matilda. Las tripulaciones de estos carros sufrieron gravísimas pérdidas en cuanto que los pesados proyectiles del “88” penetraban en su interior antes de explosionar, aniquilando hombres y material; situación que continuó en África del Norte.