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jueves, 22 de octubre de 2009

Patrullas de combate (parte final)

Las ordenes se dan siempre en una secuencia estándar y, siempre que sea posible, con una ayuda de una maqueta del objetivo. Una vez preparadas ambas cosas, el jefe se reunira con sus hombres a la hora y en el lugar acordados, y les enseñara el terreno desde un puesto de observación. No es buena idea permanecer con todo un grupo de ordenes en una posición expuesta, sino que lo mejor es retirarse a un sitio más tranquilo donde el jefe habrá preparado una maqueta y donde pueda dar las instrucciones con relativa seguridad. En dar las órdenes se tarda un tiempo respetable, pues éstas deben ser muy detalladas. Hay que transmitirlas al grupo en la secuencia en que se prevé que tengan lugar los hechos. Cuando esté completamente satisfecho y seguro de que cada cual ha entendido exactamente lo que se espera de él, el jefe organizará ensayos de la operación, si es posible de todas las fases, pero al menos de la acción en el objetivo; las otras fases puedan ser discutidas en detalle. En primer lugar se organizan ensayos a la luz del día en los que se supervisa y se evalúan todas las acciones de la patrulla. Hay que probar los siguientes aspectos:
1 El orden de marcha y las posiciones de cada hombre en las formaciones que vayan a emplearse
2 Los métodos de cambio de formaciones y de dirección
3 Los procedimientos para salvar obstáculos de distinta naturaleza 4 Lo que debe hacerse si aparece el enemigo en plena marcha de aproximación o retirada
5 La acción en el objetivo en el caso de que la patrulla sea de las de combate
6 Las señales que van a utilizarse
7 Los procedimientos en los altos en el camino y en los puntos de reunión acordados
8 La forma en que debe reaccionarse si la patrulla es sorprendida por pirotecnia iluminante
9 Los procedimientos de evacuación de bajas y de conducción de posibles prisioneros
Hay otras eventualidades dignas de ensayar, pero las mencionadas son las principales. Se probarán las reacciones de los miembros de la patrulla hasta que éstas se lleven a cabo en forma automática. Si, por ejemplo, el hombre que va en cabeza de la partida activa inadvertidamente una bengala disparada por cable, es vital que la reacción de cada cual sea la misma: si el personal se dispersa en direcciones diferentes, es fácil que no vuelvan a encontrarse en plena noche, pero si todo el mundo sabe que debe esperar a oir una orden oral sobre la dirección en que deben romper, lo más posible es que el grupo permanezca unido después de esa eventualidad. Hay que considerar con la debida atención aspectos tales como las armas, la uniformidad, el equipo y el calzado que va a emplearse. Las patrullas de combate suelen llevar una gran proporción de armas capaces de hacer fuego automático con el fin de producir rápidamente la máxima cadencia de tiro. El uniforme estará, por supuesto, condicionado por el clima, pero debe ser confortable y permitir el movimiento en silencio. Excepto en condiciones árticas y de alta montaña, en las que será necesario tomar precauciones especiales, los hombres llevaran el rostro y las orejas descubiertos para poder ver y oír sin restricción alguna. La misión de la patrulla puede afectar al equipo que lleven sus integrantes, pero este puede incluir mascara antigas, prismáticos, dispositivos de visión nocturna, brújula, material sanitario y raciones para el caso de que se produzca una demora inesperada. Llegados a esta fase, el jefe dejara a sus hombres en paz para que den los últimos toques a sus uniformes y equipos. Hay que probar tanto el funcionamiento de las armas como el de las radios. Después se asegurara de que todo el personal haya comido adecuadamente y de que, si hay tiempo, descanse un poco. Una vez de noche se realizaran prácticas nocturnas. Los soldados irán vestidos y equipados de la forma en que van a salir de patrulla, y deben hacerlo todo en las formaciones tácticas acordadas.
Es fácil ver que todos estos preparativos requieren su tiempo. Idealmente, una patrulla debe organizarse con una antelación de unas 24 horas. De darse una alerta con un preaviso mínimo, este debe dejar al menos cuatro horas de luz solar para que puedan llevarse a cabo los reconocimientos, la emisión de órdenes y los ensayos. Asumiendo que la patrulla salga cuatro horas después del anochecer, esto da un tiempo de preparación suficiente. Antes de que parta el grupo, se llevara a término una inspección para asegurarse de que todo el equipo lleva todo lo necesario y que nada tintinea, roza ni brilla. Cuando regresa la patrulla, especialmente de una acción difícil y peligrosa, hay que procurar que los hombres tengan refugio, ropa seca y una bebida caliente; entonces se les pedirá novedades y, si es posible, se les dará un poco de descanso antes de encomendarles una nueva misión.

martes, 20 de octubre de 2009

De patrulla en campo hostil (parte primera)

Un ejército que efectúe patrullas regulares tendrá la iniciativa. El patrullaje permite obtener información, dominar la llamada “tierra de nadie” y destruir o desbaratar fuerzas enemigas cuando se presente la ocasión. En la guerra, un jefe no puede planear una operación con garantías suficientes si no posee una información precisa y reciente; la patrulla es todavía uno de los medios más fiables para conseguirla. Y una vez se ha conseguido dominar el área comprendida entre los dos frentes opuestos, lo más fácil y seguro es que más partidas se muevan por la zona y obtengan más información. Al mismo tiempo, por supuesto, esto dificulta las operaciones enemigas. Hay tres tipos de patrullas:
1- Las de reconocimiento.
2- Las estáticas.
3- Las de combate. Las patrullas de reconocimiento obtienen información por medio de la observación y operando a escondidas, evitando el combate salvo para su defensa o para aprovechar una oportunidad que raramente pueda volverse a producir. Todo esto permite que tales unidades puedan actuar con unos efectivos humanos mínimos, por lo general de un jefe y dos soldados. Las patrullas estáticas tienen como cometido advertir del movimiento enemigo e impedir o desbaratar cualquier infiltración; su tamaño mínimo ha de ser de tres a cuatro hombres. La patrulla de combate, por su parte, está organizada para llevar a cabo una tarea particular con los hombres y el armamento necesarios para trabar combate. Puede montarse una partida hasta a nivel de sección, pero el número de hombres más habitual y manejable es de unos doce. Las patrullas de combate llevan a cabo golpes de mano, emboscadas antipersonal y contracarros y, sobre todo, privan de libertad de acción a las patrullas enemigas. Las patrullas deben planificarse con la suficiente antelación para que su jefe pueda prepararse de manera conveniente. Deberá estudiar mapas, fotografías aéreas e informes de los servicios de inteligencia y, si es posible, llevar a cabo un reconocimiento. Éste puede hacerse desde un punto ventajoso que domine el terreno en el que va a tener lugar la acción. En cualquier caso, lo mejor es que tome parte en una patrulla de reconocimiento antes de mandar la suya de combate. Cuando haga su reconocimiento, el jefe de la partida estudiará el terreno, memorizando la ruta por la que habrá de pasar: buscará obstáculos, referencias, puestos de observación o dispositivos de vigilancia enemigos, terrenos desenfilados y accesos a cubierto, lugares en los que puede esperarse una emboscada o en los que podría tener una, posiciones enemigas y el efecto que la luna y otras fuentes de luz tienen en el terreno. Cuando sepa que va a ser enviado de patrulla, el jefe debe avisar con tiempo a los hombres que van a ir con él. Esto tiene una importancia crucial. Sólo de esta forma los soldados podrán dormir un poco si van faltos de sueño, comer decentemente, prepararse el equipo y buscar cualquier pertrecho que piensen que les puede hacer falta. Ahora el jefe puede hacer la apreciación de combate y el plan. Una vez decidida la finalidad de la operación y los factores que afectan a la misma, revisara las posibilidades que tiene y, tras considerar las ventajas y desventajas de cada una, elegirá la mas conveniente. Lo que viene a continuación es la formulación de las órdenes. Cualquier operación militar depende de unas órdenes claras y concisas, por más brillante que sea un plan, no funcionara a menos que aquellos que deban llevarlo a término hayan entendido hasta el ultimo detalle. Esto debe aplicarse con especial énfasis a las patrullas, en las que cada miembro de las mismas tiene propias responsabilidades.

domingo, 18 de octubre de 2009

El sol de Austerlitz brilla para el Emperador (parte final)

A menudo se ha criticado con dureza a Weyrother por su conducta temeraria. No obstante, se debería señalar que sus observaciones eran correctas y que, en aquellas circunstancias, el plan era apropiado. Lo que Weyrother y los rusos no sabían era que Napoleón había ordenado al mariscal Davout que realizara una marcha forzada desde Viena con todo o parte de su cuerpo para llegar al campo de batalla el día 2 de diciembre. El 1 de diciembre por la tarde Davout se encontraba a 8km de Telnitz, después de haber cubierto 65km con 10.000 hombres en un solo día. Realmente era un logro extraordinario. Sin embargo, por todo lo que se ha escrito sobre la batalla de Austerlitz, las probabilidades, la posición y el plan estaban a favor de los aliados. La niebla precedió al “sol de Austerlitz”, cubriendo el terreno bajo durante varias horas. Desde los Pratzen, el zar Alejandro I y su Estado Mayor apenas podían ver al Goldbach abajo. El tiempo atmosférico favoreció a los franceses. Davout despertó a sus hombres temprano con la esperanza de llegar a Telnitz antes del ataque ruso. Aunque la niebla no desbarató las columnas aliadas en los montes, la naturaleza misma de esas columnas y las maniobras en oblicuo que era necesario para trasladar 40.000 hombres hacia el sudoeste llevaron a la confusión cuando regimientos y mandos se entrelazaban. Quizás el mayor defecto de los ejércitos aliados en ese fatídico día fue la falta de un liderazgo centralizado. Cada columna tenía un comandante y órdenes específicas, pero ningún general dirigía la batalla después de haber distribuido las órdenes. El general Weyrother, que propuso el plan, era un oficial del Estado Mayor, y el zar Alejandro había dejado al margen al general Kutusov, el general ruso de mayor antigüedad el día de la batalla. El emperador Francisco I de Austria era un mero observador, y en cualquier caso no era soldado. Si los planes hubieran ido como correspondía, esto no hubiera sido un problema, pero los cambios en la batalla requerían una estructura de mando adecuada. La confusión entre los montes Pratzen se solucionó finalmente después de una demora de dos horas. Cuando las columnas descendían hacia el Goldbach, el ataque se produjo a oleadas, permitiendo a los franceses dirigirse al punto crítico según iban apareciendo, en vez de realizar un único ataque violento y aplastante. Aunque el número de rusos pesaba demasiado cuando tres de las cinco columnas entraron en las posiciones francesas de Telnitz y Sokolnitz, a las 09:30 horas la llegada a tiempo de los refuerzos de Davout fue suficiente para evitar que se rompiera la línea. Se quedaron dos columnas aliadas, pero, dadas las circunstancias, a ninguna se le destinó a romper el Goldbach. El general Buxhowden controlaba el asalto sobre el flanco derecho francés, y mientras la mayor parte de su mando estaba involucrado en un acalorado combate entre Telnitz y Sokolnitz, mantenía en reserva a la cuarta columna del general Dmitry Dokhturov (1756-1816). Una vez que la división de Davout había apuntalado las defensas francesas, Buxhowden no consiguió entregar esas fuerzas. La lucha era desesperada y el peso de otra columna podría haber hecho girar al flanco francés claramente, pero no se envió y el Estado Mayor del zar no podía ver el combate del Goldbach desde su posición en los montes. En cualquier caso, era imposible cambiar la situación, ya que Napoleón, observando que las columnas aliadas dejaban los Pratzen ordenó a dos cuerpos de infantería, a su Reserva de Caballería y a la división de granaderos que atacaran en los montes. El avance del cuerpo francés sorprendió a los aliados. A las 10:00 horas, sólo la Guardia Imperial rusa y dos divisiones austrorusas permanecían en los montes. Las dos divisiones del mariscal Soult avanzaron hacia la cumbre, donde se enfrentaron a los regimientos austriacos y rusos. Estos lucharon con fuerza pero no consiguieron detener el ataque francés. El I Cuerpo del mariscal Bernadotte se trasladó directamente al Steré Vinohrady (viñedos antiguos), el cuartel general de los aliados. El zar Alejandro y el emperador Francisco I tuvieron que huir de su posición de ventaja cuando el gran Duque Constantino (1779-1831) dirigía a la Guardia Imperial rusa al contraataque. La lucha por el control de lo Pratzen fue violenta. Aunque finalmente las divisiones de Soult echaron de los montes a los austriacos y a los rusos, y Bernadotte paralizo a la Guardia rusa, Napoleón desplegó sus reservas, entre ellas a su propia Guardia Imperial, para asegurar la zona. Poco después de las 13:00 horas el ejercito aliado estaba partido en dos, las columnas del Goldbach se habían separado de los rusos al mando del general Bagration, que estaba situado al norte de los Pratzen. El centro ruso se reagrupo desesperado y organizo una retirada. El tenaz Bagration retuvo al V Cuerpo del mariscal Lannes en la carretera de Olmütz durante gran parte de la mañana. Sin embargo, la victoria de Napoleón en los montes permitió la entrada del cuerpo de caballería del mariscal Murat a primera hora de la tarde. El ataque desvío en seguida al flanco ruso. A lo largo del Goldbach, los franceses expulsaron con éxito a los rusos de Telnitz y Sokolnitz, pero estaban agotados. Buxhowden todavía tenia a sus reservas, pero al mediodía la situación en los Pratzen estaba clara y el general ruso se preparo para enfrentarse a un ataque del cuerpo de Soult por el norte. Atrapados entre dos cuerpos franceses y con los estanques helados en su retaguardia, Buxhowden logro sacar a sus columnas mientras Soult descendía de los montes.
La victoria de Napoleón fue decisiva y completa. El ejército aliado, dividido ahora en tres (Bagration, el zar y Buxhowden) intento con desesperación retirarse en cierto orden y reunirse con sus camaradas en algún lugar hacia el este, hacia Austerlitz. Los franceses perseguían y hostigaban, aunque con cautela, a la columna en retirada ya que la caballería rusa y austriaca conducía hábilmente la retaguardia manteniendo la distancia. Cuatro días después, el príncipe John Liechtenstein (1760-1836), emisario de Francisco I, firmo un armisticio que ponía fin a la guerra de la Tercera Coalición.
Glorioso, el sol de Austerlitz saludaba con orgullo al Emperador Napoleón el grande.

viernes, 16 de octubre de 2009

Austerlitz, Napoleón se prepara para la batalla (segunda parte)

La destrucción del ejército austriaco en Alemania fue un golpe muy duro para el archiduque Carlos. El general austriaco, joven y capaz, todavía dirigía a los ejércitos de campaña más grandes, y desde su posición en Venecia retiro hasta Viena al último ejercito del Imperio. Perseguido por el Ejercito francés de Italia al mando del mariscal Masséna y cortado por el VI Cuerpo del mariscal Ney que le bloqueo el paso hacia Viena, Carlos se volvió hacia el este, hacia Hungría. El archiduque Fernando, mientras tanto, reunía a varios contingentes en Praga. Los rusos destinaron a su ejército al conflicto en varias etapas. El general Mikhail Kutusov (1745-1813) dirigía el primer ejército de 50.000 hombres hacia la frontera bávara. Cuando le llegaron las noticias de la capitulación de Ulm, el astuto general lucho una tenaz retaguardia hacia Viena y después hacia el norte para unirse a los otros dos ejércitos rusos que llegaban desde Polonia. A mediados de noviembre, Viena se encontraba en manos francesas y los ejércitos del zar Alejandro I (1801-1825) estaban concentrados en Moravia con 20.000 austriacos, la mayoría de ellos reclutas, preparados para reanudar la ofensiva. Napoleón entro en Moravia por el norte para enfrentarse a los ejércitos ruso-austriacos antes de que Prusia se uniera a la guerra. Se llevo con él a tres cuerpos (I, IV, V), a la Guardia Imperial y a un cuerpo de caballería, dirigido por su cuñado, el mariscal Joachim Murat (1767-1815). Es innegable en la alta estima y confianza, en cuanto al combate se tratare, tenia el emperador por el mariscal Murat, unos de los hombres más valiosos del ejército de Francia. Dejo al III Cuerpo del mariscal Davout en Viena para que vigilara al archiduque Carlos en Hungría. Sus aliados bávaros al mando del general Karl-Philipp von Wrede (1767-1838) avanzaron contra el archiduque Fernando cuya posición podría amenazar las comunicaciones de Napoleón en Viena. El desastre del Ejército austriaco en Ulm reflejo los claros defectos de liderazgo político y militar de los Habsburgo que rodeaban al emperador. Francisco I huyo con su sequito buscando seguridad en el ejercito del zar Alejandro, y allí sus consejeros seguían animando a continuar la guerra. El archiduque Carlos comento que su hermano estaba rodeado de “idiotas y de locos”.
Pero el Ejército ruso había actuado bastante bien contra los franceses. Kutusov se había impuesto a la avanzadilla francesa en Amstetten un mes antes, y el general Peter Bagration (1765-1812) mantuvo acorraladas a las fuerzas superiores francesas en Hollabrun durante la retirada en Moravia. Los generales rusos no carecieron de sangre fría, pero hubo desacuerdos entre ellos durante la acción. Kutusov aconsejaba cautela. Prefería que el zar esperara a los prusianos para entrar en Bohemia. Alejandro y los generales Franz von Weyrother (1755-1806), conde von Buxhowden (1750-1811) y Bagration exponían que la situación permitía la ofensiva. Había pocas razones para esperar. Superaban a Napoleón en número, y si se podía alejar de Viena su flanco estratégico, seria atrapado. El destino de Mack bien podía ser también el de los franceses. El 1 de diciembre el ejército aliado tomo posiciones en los montes de Pratzen y vigilaban al Ejército francés, que se encontraba debajo. Al norte de los montes estaba el camino principal del oeste hacia Olmütz, cuartel general de Napoleón. Al sur, los lagos helados protegían el flanco y al oeste corría el arroyo Goldbach. Desde lo alto los aliados observaron el despliegue de Napoleón y calcularon con seguridad su aparente debilidad. El Ejército francés estaba colocado al frente, a lo largo de 6,5 km, con el IV Cuerpo del mariscal Nicolas Soult defendiendo dos terceras partes de la línea. De las tres divisiones de Soult, la del general Claude Legrand (1762-1815) ocupaba el Goldbach desde Telnitz a Kobelnitz, en un frente de unos 3,2 km, interrumpido únicamente por el castillo Sokolnitz y dos estanques. El volumen del Ejército francés, unos 45.000 hombres, estaba concentrado en el flanco izquierdo, bloqueando el camino de Olmütz y al sur. Allí situó Napoleón al intrépido V Cuerpo del mariscal Jean Lannes (1769-1809), en primera línea, con el I Cuerpo de Bernadotte, la división de granaderos del general Nicolas Oudinot (1767-1847), la Guardia Imperial y la Reserva de Caballería presionando en un espacio de no mas de 4 km2. El general Weyrother, jefe del Estado Mayor de Alejandro, llego a la conclusión de que el despliegue aparentemente defectuoso dejaba a su ejército vulnerable a un ataque de flanco a lo largo del arroyo Goldbach. El ejército aliado, dividió en cinco columnas, avanzaría a lo largo del frente y tres columnas caerían sobre el flanco derecho francés entre Telnitz y Sokolnitz. Resumiendo, 40.000rusos avanzarían sobre menos de 10.000 franceses. La caída del flanco derecho de Napoleón obligaría al emperador a negarse a que su flanco se alejara de Viena y después aislarían a su ejército, haciéndole retroceder hasta Olmütz.
O al menos esto pensaba que pasaría.

miércoles, 14 de octubre de 2009

El genio de Napoleón en Austerlitz (parte primera)

La victoria de Napoleón sobre los rusos y austriacos en Austerlitz fue quizá la mas decisiva y espectacular, comparada solamente a la victoria de Cannas o Gaugamela. El emperador francés y su ejercito de 60.000 hombres se encontraban a 65 Km. al norte de Viena, frente a un enemigo superior en numero, 89.000. Al sudeste, en Hungría, el archiduque Carlos estaba al mando de 90.000 hombres y se encontraba a gran distancia de la capital austriaca. Al noroeste, en Bohemia, el archiduque Fernando (1754-1806) ocupaba Praga, pero empujo a sus divisiones al sur. Sin embargo, el Ejército prusiano era el que mas le preocupaba a Napoleón. Aunque su país no estaba en guerra con Francia oficialmente, se sabía que andaba con muchas ganas de hacerlo; el monarca prusiano Federico Guillermo III (1770-1840) envío a Viena a su ministro de asuntos exteriores, el conde Von Haugwitz (1752-1832), para presentarle a Napoleón un ultimátum: o cesaban las hostilidades o Prusia se uniría a la coalición aliada. (¿Por qué será que siempre los aliados son los indecentes cobardes que siempre se quedan con la victoria?). el emperador se reunió brevemente con el ministro prusiano y no le permitió presentar la amenaza, anticipando, como era de esperar de un genio como Napoleón, la jugada del prusiano. El ultimátum prusiano tendría que esperar hasta que se decidiera la batalla.
Napoleón, como Federico el Grande antes que él, era a la vez líder militar y político de su estado. El poder estaba personalizado y encarnado en el individuo, y de ese modo las ambiciones personales de los gobernantes se trasladaban a la dedicación del estado para lograr esos fines. De ese modo, aunque Napoleón luchaba en una posición de desventaja en Austerlitz, estratégicamente hablando, consiguió una victoria decisiva sobre sus enemigos. El resultado no fue únicamente una victoria militar, sino la consolidación de las conquistas francesas en Italia y Alemania que habían comenzado en 1792. La batalla es un brillante ejemplo de la superioridad organizativa del Ejército francés, de liderazgo veterano e ímpetu. No obstante, no se debe asumir que los rusos y austriacos lucharan mal, sino todo lo contrario, eran duros combatientes lo que aumenta aun mas el valor del triunfo de Napoleón el Magnifico. Austria, Rusia y Gran Bretaña formaban la columna vertebral de la Tercera Coalición, pero la mayoría de las fuerzas continentales eran abastecidas por los Habsburgo de Austria. Así, la mayor dificultad a la que se enfrentaron las coaliciones antifrancesas a partir de 1792 fue que permitieron que sus intereses individuales, tanto territoriales como dinásticos, interfirieran en la conducta de la guerra. Karl Mack, ahora intendente general del Ejercito Habsburgo, había logrado notable poder e influencia sobre el emperador Francisco I (1768-1835) y aconsejo al monarca que atacara en Italia y Alemania antes de que llegaran sus aliados rusos a mediados de octubre. De ese modo, el archiduque Carlos, hermano de Francisco I, tomo el mando del ejercito destinado a Italia, mientras Mack y el archiduque Fernando invadían Bavaria, aliado francés, y tomaban posiciones alrededor de Ulm un mes antes de la llegada del ejercito ruso. La Gran Armada de Napoleón estaba en la costa del Canal, esperando a que llegara una flota franco-española que nunca llegaría. Cuando se avecinaba una guerra continental en agosto, Napoleón se olvido de la ilusión de cruzar el canal hacia Inglaterra y volvió a desplegar a su cuerpo hacia el Rin. El rápido movimiento de 120.000 hombres divididos en cinco corps d’armée desde el Pas-de-Calais y Holanda hasta la frontera alemana (mas de 800 Km. en 30 días) fue una hazaña tremenda que solo podía realizar Napoleón el grande. Mack preveía que el repliegue francés no tardaría menos de dos meses, tiempo más que suficiente para que llegaran los aliados. No contó con la flexibilidad de los corps d’armée franceses ni con su habilidad para moverse rápidamente por rutas paralelas sin un apoyo logístico sustancial. Sin embargo, Napoleón sacaba provecho de la capacidad de su ejército para soportar marchas forzadas y reabastecerse de las ciudades fortaleza en el Rin. Además firmo acuerdos militares con los príncipes de Bavaria, Wurttemberg y Baden para que proporcionaran alimentos y forraje a su ejército una vez hubiera cruzado a Alemania. Aunque sorprendidos por la velocidad del avance francés, Mack se preparo para recibir una ofensiva francesa frontal. No obstante, a los diez días de haber cruzado a Alemania el Ejército francés, resultaba demasiado claro para Mack y el archiduque Fernando que Napoleón les había tendido una trampa. El cuerpo francés situado al oeste de Mack distraer su atención, mientras la mayoría del ejército se trasladaba hasta el norte y luego al este para llegar al Danubio y a su flanco derecho. Rápidamente, Mack concentro a sus divisiones periféricas de Ulm mientras los franceses apretaban la cuerda. Dos cuerpos franceses se trasladaron a la frontera bávara para evitar que los rusos, que se acercaban con rapidez a la frontera, alcanzaran a los austriacos asediados. Los otros cuatro cuerpos envolvieron al ejército de Mack.
Fracasaron varios intentos por romper el cerco, y el archiduque Fernando tuvo éxito al llegar a Bohemia con menos de 2.000 soldados de caballería. El 18 de octubre Mack había rendido a todo su ejercito, 20.000 hombres. El resto se había dispersado o había sido capturado durante las semanas anteriores.