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martes, 10 de noviembre de 2009

El ejercito griego en la época de las Guerras Medicas. Protección y armaduras (parte segunda)

En el caso de Esparta, donde una muy pequeña clase aristocrática de guerreros mantenía bajo su control una enorme masa de siervos o “ilotas”, los guerreros quitaban el “pórpax” (pasamano central) a sus escudos cuando estaban en casa para evitar que pudieran ser usados por los ilotas o esclavos en caso de una rebelión. La ausencia de escudos equivalía a la ausencia de un ejército organizado para enfrentar. “Vuelve con él o sobre él”, decían los espartanos. El escudo era traído siempre por el soldado que volvía del combate; sino, su cadáver regresaba sobre el propio escudo. No solo los espartanos consideraban vergonzoso dejar su escudo en el campo. Con armadura o sin ella, correr sin escudo facilitaba notablemente la huida. Ya no se trataba de una simple retirada. Tirar el escudo era para el griego un símbolo claro del punto de quiebre de su moral de hoplita, que no era asunto individual, pues significaba romper la línea y dejar sin defensa a un compañero. El hoplita griego era por lo general un atleta y se efectuaban carreras de entrenamiento llevando un escudo e inclusive la armadura completa. Así, eran especialistas en maniobrar y hasta correr totalmente acorazados. En Tebas existía un regimiento o “Guardia Sagrada” de tropas selectas, constituido por 150 parejas de soldados amantes. Estos combatían como cuerpo aparte en las diversas batallas en que participaron hasta que Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, los extermino en la batalla de Queronea. En esta última batalla fue el propio Alejandro quien rompió sus filas con la caballería y derroto al famoso Regimiento, que estaba formado en la primera línea del flanco derecho de los tebanos. El refuerzo del vinculo por la relación intima entre cada pareja de soldados era, en este caso, una razón mas para potencian la alta moral de combate que profesaban los hoplitas. En el inicio del periodo de las Guerras Persas, es probable que la armadura griega estuviese reforzada en algunos casos por placas metálicas que cubrían la parte superior de los brazos y de las piernas (estas ultimas eran llamadas “parameridia”) y que usaban en conjunto con las grebas, especie de canilleras hasta la rodilla o mas arriba, amoldables a la pierna por su forma y por la flexibilidad del bronce. Estaban cubiertas de fieltro en el interior para proteger la pierna, y llevaban almohadilladas del mismo material para no lastimar el pie, aunque casi siempre los griegos combatían descalzos.
En dicha época se usaban distintas clases de armaduras, además de las grebas. Las principales eran las corazas enterizas de bronce, en forma “de campana” o musculadas. Las mas flexibles eran las de lino el “spolas” era un vestido protector, frecuentemente de lino reforzado y aun de cuero moldeado. Las versiones mas ligeras de armaduras fueron reemplazando progresivamente a las metálicas, hasta que las mas usadas fueron las corazas de lino, que se abrochaban por el costado y tenían un par de hombreras unidas por una banda que protegía la espalda y se prolongaba en un pliegue hacia el cuello en la parte superior. Estas armaduras de lino se podían reforzar con láminas o escamas metálicas, mientras que una pequeña pollerita doble, fabricada en lino o cuero, protegía el abdomen hasta la entrepierna. Para facilitar el movimiento iba cortada en tiras verticales llamadas “pterugues”. En las corazas metálicas, los pterugues solían ser de cuero reforzado con escamas de metal, llegando a constituir una pollerita totalmente recubierta de escamas. Debajo de los pterugues, o en reemplazo de los mismos, existía una falda de volados de lino prensado, llamada “perizoma”, como protección adicional. Cuando se fue abandonando el uso de la armadura, se expandió entre los griegos el del mencionado vestido de paño de lino prensado o cuero –spolas-, que brindaba al portador relativa protección contra los golpes y en especial contra los cortes, aunque no era apto para frenar una punta sin la ayuda del escudo. Los cascos eran de bronce, del tipo generalizado y conocido como “corintio”, que podía ser echado hacia delante en batalla de manera que la visera protegía el rostro; tenia perforaciones para los ojos y espacio de respiro para la nariz y la boca. Fuera de la batalla podían ser echados hacia atrás de la cabeza y quedaban como un casco con visera (visto en la mas conocida de las representaciones de Pericles). Esta es la forma en la que mas comúnmente se los ve en las esculturas. Había otros tipos mas complicados de cascos pero eran menos comunes, con visores móviles y carrileras rebatibles. Los cascos solían ornamentarse con crestas de crin de uno o mas colores, por lo general en la forma de adelante hacia atrás, y a veces en forma transversal o con dos plumeros laterales, formas estas ultimas menos comunes y que sin duda se usaban como distintivos de rango. Raramente los griegos clásicos usaron plumas, lo que si seria usual (llevado en cánulas portaplumas sobre las sienes) en los cascos de los jefes de fila en la época de Alejandro y sus sucesores.

domingo, 8 de noviembre de 2009

El ejercito griego en la época de las Guerras Médicas (primera parte)

Entre los griegos, los ciudadanos de cierta categoría económica, integrantes de la polis, eran el nervio del ejército: los guerreros de elite. Los habitantes de mas escasos recursos, los siervos y hasta los esclavos combatían también, pero lo hacían como infantería ligera. Los pastores o habitantes de las colinas eran particularmente aptos como infantería informal y es común encontrarlos representados en vasos griegos (que son la fuete primaria para reconstruir estilos y formas de combate), como combatientes sin mas armas que hondas y jabalinas, y sin mas protección que una piel de animal cubriendo el brazo izquierdo a manera de escudo. Por su parte, los habitantes urbanos de menor categoría servían como remeros y tripulaciones en las flotas. Los habitantes de la periferia griega y los insulares desarrollaron formas especiales de combatir y eran agregados como auxiliares o mercenarios, siempre como tropas ligeras. Los tracios, por ejemplo, lo hacían como “peltastas”, cuyo nombre deriva de la “pelta”, un escudo liviano, de mimbre trenzado o de cuero, en forma de media luna. Los tracios eran usados como exploradores o combatían cuerpo a cuerpo en orden suelto o abierto, como lanzadores de jabalinas. No se esperaba de ellos que llevaran adelante un ataque pesado. Los cretenses eran arqueros famosos por su eficacia y puntería; llegaban a empeñarse en el combate cuerpo a cuerpo, pues portaban un pequeño broquel y espada. Algunas fuentes les atribuyen el uso de jabalinas, pero podría tratarse de la “devolución” de las arrojadas por el enemigo, como forma de suplir la escasez de flechas. En efecto, y en apoyo de ello, Jenofonte cita que los peltastas devolvían como jabalinas las flechas de sus enemigos montañeses, que tenían dos codos de largo, usando una correa como impulsor. Los escitas eran también excelentes arqueros, montados o a pie, y se sabe que hubo trescientos de ellos como policía de a pie en Atenas (incluso la palabra griega que designaba a los escitas se siguió utilizando luego con el sentido de “policía”). Los rodios (habitantes de Rodas) eran excelentes honderos. Es nuevamente Jenofonte quien se refiere a su excelencia en el uso de la honda, por lo que los griegos fabrican estas armas para los mercenarios rodios, quienes sobrepasaban con sus tiros el alcance de las flechas enemigas y utilizaban piedras y bolas de plomo o arcilla cocida. Los tesalios, de las llanuras del norte de Grecia, eran la mejor y la única caballería griega del periodo (circa 500 años a.C.). Combatían arrojando jabalinas o empuñando lanzas cortas. A veces llevaban corazas metálicas musculadas y un típico sombrero de ala ancha (petasos), muy usado también por la infantería ligera y que, por lo general, era de metal, recubierto de fieltro, a la manera de los sombreros de caballería de la edad moderna apodados “la secreta”, pues contenían un casco de metal interno. El petasos metálico además solía ser usado como pequeño escudo en las escaramuzas. Tanto eran usados los antedichos pueblos como mercenarios especializados, que sus nombres eran sinónimo del tipo especial de guerrero. Así, “un cretense” podía ser un arquero contratado, aunque no necesariamente de la isla de Creta. Dado el terreno montañoso y las escasas llanuras, los combates en Grecia solían ser enfrentamientos frontales de tropas pesadas, donde finalmente prevalecían la fuerza, la moral y la disciplina de las falanges, aunque progresivamente, gracias a las guerras con sus vecinos e invasores, se vio incrementado el número de caballería y peltastas que la acompañaban en los flancos. Probablemente también hayan sido el intercambio con escitas y persas lo que incremento notablemente el numero y uso de los honderos, arqueros y jabalineros, que generalmente servían para exploración o para cubrir los flancos de la línea de infantería pesada.
El principal combatiente de las polis griegas era el hoplita, que combatía con una lanza de siete a diez pies y un escudo redondo de aproximadamente tres pies de diámetro, según las fuetes. Este escudo era combado hacia delante y estaba construido con madera revestida de cuero o piel y forrado de metal, especialmente reforzando los bordes, aunque los más comunes eran los totalmente recubiertos en bronce. Estos escudos tenían un diámetro que iba de noventa centímetros a un metro, pues debían proteger frontalmente al guerrero desde el mentón hasta las rodillas. La palabra hoplita deriva de “hoplon”, nombre del escudo, que es el que define la esencia de la forma de lucha del ciudadano soldado. Los hoplitas formaban una falange de lanzas de entre ocho y doce líneas de profundidad que se dividía en subunidades llamadas “sintagmas”. Cada soldado se cubría a si mismo y cubría a su vez el flanco de su compañero. La fuerza de la falange radicaba en la mística común, en el entrenamiento de la formación en orden cerrado de escudo contra escudo, en la disciplina y en la moral del combatiente. Para el griego era fundamental el concepto de la “areté agonal” (la virtud para el combate) como principio de formación del ciudadano.

viernes, 6 de noviembre de 2009

El transporte anti-minas Buffel

El Buffel es un eficaz vehiculo de combate protegido contra las minas y empleado por el Ejercito sudafricano. Ha sido utilizado en operaciones durante años, probado una y otra vez en ambientes hostiles, siendo exportado a Sri Lanka, hace ya algunos años, para combatir contra las guerrillas tamiles.
La fabricación del Buffel es controlada por Armscorp, el enorme conglomerado industrial de defensa sudafricano. Las pruebas de este vehiculo, realmente duras, tuvieron lugar en las agrestes tierras de Ovamboland. Al noroeste del África sudoccidental.
Sus características de protección contra las minas ha resultado invaluable en las zonas fronterizas namibio-angoleñas, siempre infectadas de minas, y su poderoso motor y sus cualidades todoterreno le han permitido salvar la dureza de la sabana y los shonas (lechos de rios) de esa región. El Buffel incorpora una seri de interesantes ideas de los eficaces vehículos utilizados por el antiguo Ejército rodesiano en su campaña antiguerrillera.
El Buffel fue diseñado para proporcionar movilidad, protección contra las minas, la metralla y las balas, y una capacidad de combate mejorada a las fuerzas antiguerrillera en el curso de operaciones rurales. Tiene, por lo tanto, una elevada autonomía operacional (580km campo a través), una protección adecuada y elevada capacidad de combate. Las Fuerzas de Defensa sudafricanas poseen tres tipos de medios resistentes a las minas. Los VCPM (vehículos de combate protegidos contra las minas), como son el Buffel y el Ratel, fueron diseñados para salvaguardar a sus ocupantes y operar en cometidos ofensivos. Los VPM (vehículos protegidos contra las minas)se pensaron para misiones defensivas, exclusivamente para proteger a sus ocupantes de la explosión de minas. Finalmente los VAM (vehículos antiminas), como el Spinnekop, fueron concebidos para localizar y destruir minas, y son los medios resistentes a dichos ingenios que tienen un aspecto más inhabitual.
El Buffel lleva un pelotón de diez infantes y un conductor, con sus equipos y pertrechos básicos; en un remolque puede colocarse material adicional si las circunstancias lo exigen. El jefe del pelotón se sienta en la parte delantera izquierda, desde donde puede hablar con el conductor, servir el lanzagranadas del pelotón y controlar la ametralladora delantera. La escuadra de ametralladora del pelotón ocupa la parte posterior izquierda, con el cabo sirviendo el arma. El segundo al mando del pelotón controla la ametralladora trasera. Los fusileros restantes ocupan los demás asientos; el primero de ellos atiende la ametralladora delantera: esta MG forma parte de la dotación del vehiculo y no es una de las armas del pelotón. El vehiculo tiene tres componentes básicos: el chasis y la planta motriz; la cabina de conducción; y el compartimento de tropa. La cabina cuenta con un pesado blindaje y tiene vidrios blindados en todos los costados. El compartimento de tropa es una caja de acero reforzada, con una sección cuneiforme abierta por arriba y sujeta al chasis por medio de unos cables.
La instalación motopropulsora consiste en un motor de seis cilindros en línea, de cuatro tiempos, refrigerado por agua y con inyección directa Mercedes-Benz de 5,675 litros. Este trasfiere su potencia a las ruedas mediante un único embrague de discos secos y una transmisión. Esta última proporciona ocho velocidades hacia delante y cuatro hacia atrás, así como tracción opcional en las cuatro ruedas y bloqueo diferencial lateral en los dos ejes. El Buffel puede emplearse ofensivamente como medio de combate, pero el hecho de que sea desplegado en tal cometido dependerá en gran medida del terreno y del peligro de armas contracarro enemigas. No existen procedimientos estudiados para realizar ataques montados, pues la táctica se vera influida de nuevo por el terreno y la situación operativa. El jefe de pelotón será quien juzgue las circunstancias del momento y decida uno u otro modo de actuación.
La velocidad y potencia de fuego del Buffel aseguran sorpresa y acción de choque, al tiempo que la protección que proporciona contra la metralla y el fuego de armas ligeras ayuda a reducir el número de bajas. Pero el conductor debe tener en cuanta que, aunque la velocidad es una ventaja para conseguir efecto de shock y el empuje necesario para superar obstáculos, el Buffel resulta demasiado alto y se inclina alarmantemente en los virajes cerrados. Si decide llevar a cabo un giro de 90 grados a los pocos segundos de iniciado el asalto, corre el riesgo de volcar el vehiculo. Asimismo, si es detenido cerca del objetivo por un árbol, causara un efecto de shock en la tripulación pero no en el enemigo. En el supuesto de que el Buffel haga detonar una mina, el personal transportado estará protegido al ir sujeto con cinturones de seguridad a asientos duros, al tiempo que al no haber techo se reduce el daño causado por la sobrepresión. La forma de cuña del compartimento de tropa ayuda a desviar del vehiculo la fuerza de cualquier explosión. Si el Bueffel llegase a volcar, la tropa estaría protegida por una gruesa barra de acero que discurre a lo largo de todo el compartimento.
El deposito de agua para el pelotón (100 litros) esta en una zona situada debajo del piso, lo que ayuda a dispersar el calor de la onda expansiva de una mina. También las ruedas pueden llenarse de agua para reducir el calor de una explosión: el agua posee una elevada capacidad de absorción de calor, y el que se produce en una detonación, de unos 3.000 grados centígrados, se reduce de esta forma en un 50 por ciento.
Los ocupantes deben llevar puestos sus atalajes de seguridad, como los de los pilotos, todo el tiempo. Los cinturones han de estar bien ajustados, o de lo contrario pueden producirse lesiones. La manera en que el personal este sentado durante la explosión tiene también gran importancia: la onda de choque es absorbida mucho mejor si la columna vertebral esta erguida y apoyada en los pies, que estarán planos en el suelo. De tener los pies en el aire cuando se produce la detonación, serán enviados contra el suelo a una velocidad comparable a la de saltar desde un tercer piso, con lo que la rotura de piernas es inevitable. El equipo y las armas deben estar trabados de alguna forma o cuidadosamente atados, pues de lo contrario la explosión los convertirá en peligrosos proyectiles.
Cuando operaban por el chaparral namibio, los Buffel pasaban a toda velocidad entre los árboles, con el resultado de que las ramas bajas caían al compartimento de tropa. Había que mantener los brazos en el interior del vehiculo y estar preparado para agacharse, pues dichas ramas eran fuertes, a veces espinosas y podían hacer bastante daño. Después de una hora de desplazarse campo a través por el chaparral, el piso del compartimento de tropa estaba tapizado de ramas y hojas. Pero todavía más molesta resultaba la tendencia de las serpientes a colgarse de las ramas bajas: arrancado de su lugar de descanso depositado a los pies del infante, el animal solía padecer un arrebato de mal humor y mordía. Y el soldado, por supuesto, estaba firmemente sujeto a su asiento y apenas podía hacer alguna acción evasiva. Algunos mandos sudafricanos reconocieron sufrir mas bajas debidas a mordedura de serpiente que a la SWAPO.
El Buffel es un interesante VAP para operaciones antiguerrilla lejanas. Tiene numerosas limitaciones, sobre todo la ausencia de armas portátiles y la posesión de un blindaje incapaz de proteger de las granadas anticarro.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Las fuerzas especiales ninja

Aunque todos los ejércitos del mundo, desde tiempos inmemoriales han utilizado espías y asesinos para alcanzar con mayor eficacia sus objetivos, los Ninja eran uno de los ejemplos mas claros de un grupo de fuerzas especiales en el mundo oriental. Los Ninja estaban esencialmente fuera del orden militar japonés, puesto que sus múltiples roles, que incluían e asesinato, el sabotaje, labores de inteligencia y espionaje, eran considerados a menudo de baja reputación por la sociedad convencional. Esto no significa que los Ninja fueran excluidos de participar en las campañas militares convencionales, sino que acompañaban al ejercito a un asedio o batalla, pero su misión allí era recopilar información sobre los movimientos enemigos o intentar asesinar a comandantes enemigos tanto así como personal clave. En resumidas cuentas, los ashigaru regulares (soldados de infantería) no eran concientes de la presencia de los Ninja como parte de su operación.
Los orígenes de los Ninja son inciertos y se remontan al periodo medieval, pero en el siglo XV habían tomado forma como una fuerza especifica que podía ser contratada para realizar trabajos que estaban fuera del código samuráis de honor. Su índice de empleo subió a medida que Japón se vio envuelto en el largo periodo de guerras civiles. Cuando los asesinatos y el espionaje fueron esenciales entre los daimyo japoneses (señores feudales), los soldados Ninja se unían habitualmente a familias o pueblos, y sus conocimientos marciales se transmitían a las siguientes generaciones. A su vez, los daimyo apoyaban el desarrollo de sus propios ejércitos Ninja y estos se entrenaban en el aislamiento de los estados japoneses y nunca se mezclaban con los soldados regulares de infantería. El entrenamiento de los Ninja no tenia comparación alguna con el recibido por los ashigaru, pues mientras a estos últimos se les enseñaba poco mas que a clavar una lanza, los Ninja aprendían a manejar una gran variedad de armamento para la lucha cuerpo a cuerpo, desde la katana convencional hasta armas asombrosas, como el shuriken (estrellas arrojadizas), hokode (garras de mano), el shinobi-gama, un arma que combinaba una cadena y una hoz, etc. También recibían instrucción sobre explosivos y veneno, camuflaje y el arte del ataque personal eficaz y mortífero. Los Ninja además utilizaban equipos especiales como aparatos de escucha y mecanismos para escalar las murallas. Las operaciones de los Ninja rozan normalmente con el mito y la exageración, pero no hay duda de que desempeñaron un papel esencial en las batallas mas importantes de Japón. Incluso en la gran batalla de Sekigahara en 1.600 hay referencias a actividades típicas de los Ninja. Los Ninja del clan de los Shimazu cuando lucharon contra las fuerzas de Tokugawa Ieyasu dispusieron tiradores de primera en el campo de batalla disfrazados de soldados muertos. Cuando las tropas de Shimazu tuvieron que retirarse, los tiradores alcanzaron a sus objetivos de forma aleatoria, y entre ellos hirieron gravemente al famoso comandante Ii Naomasa, quien recibió un disparo y tuvo que ser evacuado del campo de batalla. Este ejemplo de Sekigahara muestra como los Ninja no solo realizaban operaciones de cobertura en la sombra de los muros de los castillos, o arrastrándose para efectuar un asesinato, sino que además, realizaban misiones especiales que afectan incluso a la seguridad de figuras poderosas (incluida la creación de grandes unidades de guardaespaldas). Dichas operaciones terminaban a veces en fracaso o con la muerte de los Ninja. No obstante, cuando los Ninja se quedaron sin trabajo en el siglo XVII, probaron que las excelentes unidades militares de elite podían ser útiles unidas a las fuerzas convencionales, una lección que no se ha perdido aun en nuestros días.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El Escuadrón Azul y las enfermeras de Sanidad Militar; más héroes españoles al servicio del Reich

Ya se sabe que los heroicos voluntarios españoles dieron su máximo en el combate. Adolf Hitler nos da un breve resumen de estos valientes guerreros: “Extraordinariamente valientes y duros contra los partisanos (los rusos). La División Azul no fue la única unidad militar española de servicio en el frente ruso.
Uno de los ases de la guerra civil española, el comandante Salvador Salas Larrazábal, creo una unidad de combate con veteranos de la guerra española. Estaba compuesta por cinco escuadrones, que se relevaban uno tras otro, consecutivamente, en el frente. No es nada sorprendente que la unidad fuera rápidamente llamada el Escuadrón Azul. Dejo Madrid el 27 de julio de 1941, dos semanas después de la partida de la División Azul. Los pilotos españoles utilizaron cazas Messerschmitt Bf 109 hasta finales de 1942, cuando el 3er Escuadrón fue dotado con Focke-Wulf Fw 190. El Escuadrón Azul fue numerado como 15/JG 27, es decir 15º Escuadrón del Jagdgeschwader (Grupo de Caza) 27 y, posteriormente, JG 51. El escuadrón operaba como apoyo del Grupo de Ejercito Centro y su misión principal era la de proteger a los bombarderos alemanes. La acción mas destacada del 1er Escuadrón tuvo lugar en el avance hacia Moscu y la subsiguiente retirada, mientras el 4º Escuadrón luchaba en la retirada de Kharkov y las batallas de Kursk y Esmolensko, en 1943. En marzo de 1942, la mayoría de las tripulaciones españolas fueron reemplazadas por un nuevo grupo de voluntarios procedentes de España. El 1 de octubre de ese mismo año tuvo lugar otro intercambio de personal. Por lo general, la moral y efectividad de los pilotos españoles se mantuvo alta. Por ejemplo, derribaron un total de 156 aviones soviéticos. El comandante Salas Larrazábal derribo personalmente a siete de ellos y el comandante Cuadra, a diez. Sin embargo, al igual que la División Azul, el Escuadrón Azul fue retirado del servicio en el frente antes de finalizar 1943, para regresar a España en los primeros meses del año siguiente. Un total de 22 miembros del escuadrón fueron considerados muertos o desaparecidos, uno de los cuales termino siendo repatriado después como prisionero de guerra. Además de la parte combatiente, los españoles enviaron un amplio grupo de personal de apoyo al frente oriental. En 1937, el general Franco había nombrado a Mercedes Mil Nolla inspectora general de las auxiliares femeninas de la Sanidad Militar. El teniente coronel Pellicer fue nombrado inspector de hospitales. Las enfermeras españolas de la Sanidad Militar en Alemania vestían un uniforme que incluía una camisa caqui con un poco habitual diseño de bolsillos, botones de cuero marrón oscuro, y cuello y puños blancos. En el cuello lucían el emblema de la Cruz Roja española, mientras que el resto de insignias y condecoraciones se lucían en el bolsillo. También llevaban un cinturón negro con una hebilla gris plata de la Sanidad Militar, una falda plisada caqui, medias marrón claro y zapatos marrón oscuro. El tocado consistía en un griñon caqui y una toca blanca en la que iba enganchada la insignia metálica gris plata de la Sanidad Militar. Los heridos y enfermos graves de la División Azul eran tratados en hospitales en Mestelevo, Riga, Vilna, Königsberg, Berlín y Hof (Saale), dirigidos principalmente por personal medico español, entre ellos muchas enfermeras voluntarias del Ejercito español y de la Sección Femenina de la Falange. En su mayor parte, los voluntarios extranjeros eran tratados por el servicio general de hospitales de reserva alemanes y, por lo general, recibían los mismos cuidados que los propios alemanes. Cuando se necesitaban miembros artificiales, por ejemplo, el gobierno alemán de Adolf Hitler, los proporcionaba. Cuando para la convalecencia eran enviados a sus países, los voluntarios recibían una generosa ayuda en metálico de la contaduría de la Wehrmacht en su país de origen. Mientras estaban de permiso por convalecencia en Alemania, el Gobierno alemán aumentaba su asignación. Solo a los voluntarios españoles que regresaban a España, se les retribuyo el doble de lo que era habitual en esos casos para los demás voluntarios extranjeros.
El Führer admiraba a esos altivos guerreros Iberos que supieron ganarse un lugar de honor en las filas del Reich.