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miércoles, 8 de julio de 2009

Historia de la bayoneta (parte final)

El puñal-bayoneta

En las estrechas trincheras, el largo sable-bayoneta encontró su final, siendo suplantado por un arma más corta y manejable: el puñal-bayoneta. Más adecuado para las operaciones de comandos, demostró ser un instrumento utilísimo tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial.
La reducción de la hoja trajo como consecuencia, en los modelos más cortos (15cm de hoja), la desaparición del anillo de la guarda, porque sobre ese brazo de leva se ejercitan fuerzas muy tolerables por la única fijación del engaste. Las bayonetas actuales se prestan a ser fácilmente arrojadas como un puñal normal o un cuchillo de trinchera. El paso a dimensiones tan reducidas se produjo por la existencia de modelos cada vez más cortos; por ejemplo, la bayoneta del Carcano 1891, con su guarda en cruz recta, que tiene una hoja de menos de 30cm de longitud; la del Mannlicher 1895 tiene hoja de 24,5cm, arandela en el brazo de guarda y brazo de defensa constituido únicamente por un nervio de la barra. Los revestimientos de las bayonetas inicialmente se hicieron de cuero, con jaeces metálicos: herrete y capa con un botón, en el plato externo, para servir de fijo para la cavidad portaforros. Después vino la tendencia a hacerlos completamente metálicos, empleando el cuero o la tela para la fabricación solamente de la faltriquera. La bayoneta replegable

El último sistema para fijar una hoja a un fusil es el de las bayonetas replegables. Pueden ser fijas, es decir, formando parte de manera inamovible del mismo fusil, o de engaste. Las fijas se componen de una hoja soldada, clavada en el talón sobre una abrazadera en el cañón del fusil. Esta abrazadera lleva un sistema de bloqueo, que permite fijar la hoja en dos posiciones diametralmente opuestas: abierta o calada (con la punta previamente invertida, hoja fuera de eje y paralela al cañón), y cerrada (con punta posteriormente replegada y hoja protegida en una acanaladura adecuada, hecha en el asta de la calcina). Bayonetas de este tipo fueron caladas en los mosquetes automáticos italianos Beretta modelos 1918 y 18/30 y en el mosquete para la caballería modelo 91. Las bayonetas plegables de engaste tienen la peculiaridad de poseer una hoja, empernada en el talón, capaz de replegarse en una acanaladura hecha expresamente en la empuñadura, exactamente como una navaja. También en este caso actúa un cierre, fijando la hoja en las dos posiciones. Tal sistema permite tener la bayoneta constantemente unida al fusil, o también descalarla para usarla como puñal. Además, en el momento en que la hoja, en posición plegada, no está completamente contenida en el entalle de la empuñadura (es decir, sobresale más allá del pomo hacia la mitad) este tipo de bayoneta se transforma en un cómodo cuchillo para uso en la vida cotidiana. Un ejemplo de bayoneta de engaste replegable nos lo proporciona la destinada a ser montada sobre el Mannlicher-Carcano modelo 91/38, dotada de hoja de un corte, engaste en deslizador y arandela en el brazo de guarda para el segundo punto de amarre. En nuestros días

Los últimos modelos de bayonetas demuestran claramente que siempre se tiende a producir un arma cada vez más parecida a un cuchillo, aprovechando su connotación de utensilio polivalente.
Se presta además particular atención en eliminar la posibilidad de que las partes metálicas puedan reflejar luz, sometiéndolas a procesos de parkerización. Tal medida ha demostrado ser necesaria debido a los cambios tácticos, que prevén la bayoneta como arma de comando.

lunes, 6 de julio de 2009

Historia de las bayonetas (parte segunda)

La bayoneta de engaste
En los primeros años del siglo XIX se comenzó a poner remedio a este inconveniente con la fabricación de las primeras bayonetas de engaste. En este tipo de arma, el montaje quedaba asegurado por un engaste con deslizador, situado en la empuñadura, en que se engastaba con precisión un elemento adecuado, fijado en el cañón del fusil.
La entalladura era hecha longitudinalmente y puesta en el plato de la empuñadura. Un tope de muelle hecho a este propósito, regido por un disparador de botón, bloqueaba el montaje en posición de calado. A mediados del siglo se perfeccionó el sistema acoplando, en un engaste colocado en el dorso, una arandela sobre el brazo de guarda, destinada a recibir la extremidad del cañón del fusil. Con esta modificación, la bayoneta quedaba fijada en dos puntos y el conjunto ganaba en solidez. Los primeros ejemplares de bayoneta de engaste iban dotados de una larga hoja de un corte, dorso recto, paralelo al filo, y terminando en un falso corte, dorso recto, paralelo al filo, y terminando en un falso corte que reducía la hoja en una punta ojival. La empuñadura era de latón en forma de sable, con brazo de guarda simple, ensamblada en el pomo, y brazo de tope corto. La barra llevaba en el plato externo un cojinete invertido hacia abajo. El sable-bayoneta Baker

El sable-bayoneta Baker, es el típico ejemplo de la bayoneta de engaste. Debe su nombre a un fusil inglés del que se realizaron diversos modelos en los primeros veinte años del siglo XIX. Uno de esos modelos está formado por hojas de sección triangular, sacadas de la bayoneta de virola, montadas sobre una empuñadura de latón, con una pequeña guarda en cruz.
En todos los modelos el engaste está colocado en el plato de la empuñadura y nohay virola de fijación para el cañón. Con sus largas hojas y la forma que los caracterizaba, los sables-bayoneta recordaban mucho las espadas cortas de caza y, como tales, podían ser también empleadas caladas sobre un fusil. Tal principio fue adoptado por todos los ejércitos europeos que, en épocas sucesivas, tuvieron dotaciones de modelos de bayoneta de sable, provistos casi siempre de virola para el cañón y de engaste al dorso. El modelo Baker había puesto en evidencia que una hoja, de unos 60cm de longitud, precisaba de un segundo punto de fijación para resistir las cargas mecánicas descargadas sobre su largo brazo de leva. Pero acortar las bayonetas destinadas a la infantería no era una solución aconsejable, dado el reducido volumen de fuego que se podía obtener con los fusiles de la época y la gran eficacia de choque que la caballería continuaba demostrando. A pesar de algunas recuperaciones de la bayoneta de virola o de las hojas soldadas, fue este modelo el que se impuso en los campos de batalla de toda Europa. Las variaciones que experimentaron los sables-bayoneta dependieron específicamente de la diversificación de los modelos que, sucesivamente, estuvieron en dotación; afectaron, además de las dimensiones, a la forma de la hoja (machete, hoja recta, yatagán), o especializaciones de la misma (hojas con dorso en sierra para los zapadores o los gastadores). La guarda tenía una forma más simple, pudiendo ser en cruz, con los brazos rectos, o curvada en forma de S. Con el tiempo, el brazo de defensa se fue acortando, hasta tener una única virola, mientras el brazo de guarda dibujaba una curva en semicírculo hacia el corte del arma, como en el modelo para el fusil Gras en dotación en las tropas francesas en 1874, o en el modelo con hoja desvainada, que se calaba en el fusil Lebel. Este tipo de guarda, en el cual el garfio servía para formar los haces de las armas típicas de los campamentos de la época, tuvo una gran difusión también en otras partes del mundo: Turquía (Mauser, modelo 1887), Argentina (Mauser, modelo 1891), Japón (Arsiaka, modelo 1897). En Italia la bayoneta de garfio y argolla estuvo representada por el modelo para la infantería, destinada a ser montada, en el Vetterli, 1870 y 1870/87. La adopción del fusil de retrocarga de repetición manual aumentó considerablemente el volumen de fuego del simple soldado; en consecuencia, la caballería empezó a perder su incontestada superioridad. En los primeros años del siglo XX, las batallas campales, con sus grandes órdenes de batalla móviles, fueron sustituidas por las guerras de posiciones; situarse en posiciones atrincheradas, bien protegidas por obras defensivas, y cubiertas por un adecuado uso de la artillería, se convirtió en condición indispensable para la supervivencia del soldado en zona de guerra.

viernes, 3 de julio de 2009

Historia de la bayoneta (parte primera)

La progresiva consolidación de las armas de fuego en los ámbitos civil y militar impuso a los ejércitos la necesidad de modificar su propia dotación de armas blancas. Los primeros fusiles eran de carga lenta y su notable peso (características de los fusiles militares) se unía al de los accesorios necesarios para su funcionamiento: cuerno de pólvora, cuerno de arenilla y saca de las baletas. Además la impedimenta que representaba el fusil era ciertamente importante: el cañón era muy largo, a causa de las características propias de la balística de la pólvora negra. Por consiguiente, tanto el militar como el cazador se encontraban con le necesidad de tener que decidir si cargarse con el peso suplementario de una pica (o de un venablo), o fiarse exclusivamente, o casi, de un arma capaz de un solo disparo (raramente eran posibles dos disparos; esto solo ocurría en los modelos de doble cañón, o de cargas sobrepuestas) y de carga lenta. El soldado podía encontrarse ante un jinete y tener el arcabuz descargado; o el cazador podía ser agredido por una fiera después de haberla malherido. En tales circunstancias, el pensamiento recurría inmediatamente a las armas blancas cortas: la vieja pica o el insustituible venablo, o cualquier cosa adecuada a las circunstancias. Ante la falta de un arma rápida y ligera el ingenio humano tuvo que inventar otro sistema alternativo: la bayoneta.
La fecha exacta de la aparición de la bayoneta, aun hoy en uso, no se conoce con certeza pero puede situarse en torno a la segunda mitad del siglo XVI. La bayoneta de aguijón (o de tapón)

Al principio se trato de transformar el garrote, que podía parecerse a un fusil descargado, en un arma en asta; el problema fue precisamente resuelto con la invención de la bayoneta de aguijón.
Tal arma se componía de una hoja de formas diversas, generalmente de doble filo y punta aguda, casi siempre procedente de hojas de puñales o residuos de espadas (se conocen también ejemplares forjados expresamente).
Era muy frecuente la presencia de la guarda, compuesta de dos cortos brazos rectilíneos, que partían de una barra corta. El cuello, siempre transversal, atravesaba un mango, en tronco de cono o piriforme, con el diámetro inferior torcido hacia el pomo. Este ultimo, construido de metal, soportaba el remache del cuello y aseguraba el ensamblaje de las diferentes partes que componen la bayoneta. Este sistema continuo usándose, en las armas de caza, hasta la primera mitad del siglo XIX, porque una bayoneta así configurada podía hacer la función tanto de cuchillo como de daga eficazmente. Las características del arma permitían atacar, bien con la carga (o las cargas) del arma de fuego, bien con el uso de la bayoneta, en el caso de no tener el tiempo suficiente para poder recargar el fusil. La bayoneta de virola

Las necesidades militares, caracterizadas por avances progresivos y sucesivos, hicieron indispensable poder recargar el arma y disparar también con la bayoneta calada; esto determino la adopción de la bayoneta de virola. Esta bayoneta es reconocible por una virola tubular, con diámetro interno semejante al diámetro externo del cañón del fusil, del que se separa un arquillo (o codo) que forma con la virola un ángulo de unos 90º. El borde de este arquillo hace función de base para la fijación del talón de la hoja que, de ese modo, queda fuera de eje con respecto al cañón de un espacio similar a la longitud del arquillo. Este sistema permite desplazar la hoja de la línea de fuego y poder recargar cómodamente el arma incluso con la bayoneta calada. Para evitar que esta se desencarte del cañón durante el uso, la virola lleva una entalladura en forma de Z, dentro de la cual va a colocarse el manguito de la mira del fusil o un realce adecuado, soldado al puente, colocado debajo del cañón, cerca de la boca. En los modelos mas avanzados de bayoneta de virola se encuentra una abrazadera metálica (colocada aproximadamente a media virola) que tiene la misión de bloquear solidamente el arma sobre el cañón con fusil, impidiendo también el mínimo desplazamiento que consentía la longitud del ramo Terminal de la entalladura en forma de Z.
Desarrollándose a finales del siglo XVII, este tipo de arma fue de uso común hasta más allá de la mitad del siglo XIX; los últimos ejemplares participaron en el segundo conflicto mundial calados sobre el fusil soviético Mosin-Nagant modelo 1891/30. Las hojas de las bayonetas de virola tuvieron formas diversas: los primeros tipos montaban generalmente hojas largas de un filo y punta, pero muy pocos años después vino la preferencia por las hojas soldadas, de sección triangular, punta aguda y estrías, o de hojas anchas, de un filo, con dorso ancho y fuerte, y estrías sobre ambas pletinas. Estas fueron las bayonetas caladas sobre el fusil austriaco modelo 1840/67 y sobre el Vanzel. Hojas aun mas largas fueron adoptadas por el ejercito estadounidense para el Zuavo modelo 1855/70 y para el Springfield Government modelo 1873; estas bayonetas son llamadas en paleta, debido a su forma que recuerda el instrumento homónimo. La punta es aguda, los márgenes afilados; el modelo 1855/70 lleva una pronunciada nervadura central. Tales armas denotan claramente la intención de los mandos superiores de proveer a los militares de un utensilio bivalente: bayoneta e instrumento de excavación (aunque para esta segunda función la bayoneta en paleta parezca escasamente eficiente). Las bayonetas con fijación en virola tenían, no obstante, el defecto, cuando se usaban sin calar, de tener una empuñadura incomoda, antianatómica y privada de guarda. Además de esto, la hoja quedaba fuera de eje con respecto al mango, con evidente dificultad para su uso autónomo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Nace la Luftwaffe, las Águilas del Fuhrer

Un modelo de avión de caza alemán de gran prestigio comenzó a enviarse a España a partir del mes de julio de 1936 y, después del grupo inicial de seis unidades, las cantidades fueron aumentando hasta llegar a un total de 135 ejemplares. Todos sirvieron en la Aviación Nacional y en la Legión Cóndor alemana, que se hallaba en España. El aparato era el Heinkel He.51, uno de los más modernos biplanos de combate que había realizado la industria aeronáutica militar alemana. Su prototipo había volado por primera vez a mediados de 1933. Al terminar las pruebas, los resultados fueron tan halagüeños que el avión fue elegido para formar la primera línea de cazas de combate de la Luftwaffe. El desarrollo de la aviación en Alemania tuvo un impulso inesperado y vigoroso durante la primera mitad de los años treinta: la industria y la organización militar y administrativa se concentraron en el surgimiento de la Luftwaffe. Y el poder de esa nueva fuerza naciente se vio incrementado por el Heinkel He.51, el mismo que se había enviado a España para participar en la guerra. Se trataba de un avión ágil y rápido, provisto de dos ametralladoras. A pesar de sus muchas cualidades, sin embargo, en combate resultó inferior al caza Polikarpov I-15. La versión base del Heinkel salió de las líneas de montaje en la primavera de 1935, e inmediatamente las unidades se fueron entregando a los grupos de combate. A los largo de los años en que estuvo en producción, aparecieron diversas series del aparato, y, como siempre, en ellas se fueron incorporando mejoras de diferentes tipos. Al final se construyeron más de 700 unidades, que permanecieron en primera línea hasta 1938. El desarrollo del sustituto del Heinkel He.51 fue trabajoso. Era un aparato de la misma categoría, el Arado Ar.68, que había nacido como prototipo en el verano de 1934. Lo más difícil fue la decisión del motor que debía equiparle. Dos de los cuatro prototipos llevaban motor BMW, en tipo VI de 750 HP; los otros dos estaban provistos de motores Junkers Jumo 210 A de 610 HP. Por fin se eligió este último modelo de propulsor para la primera versión de serie, la Ar.68E. Sin embargo, los retrasos en las entregas de esos motores dieron lugar a que la primera variante tuviese los motores BMW. Los primeros Arado Ar.68 entraron en servicio a mediados de 1936. Pero lo que sucedió es que su carrera fue muy breve. Había sido el último biplano de la Luftwaffe. Se empezaba a imponer el monoplano. El Heinkel He.112 era un aparato que pertenecía a esa fórmula. Desarrollado en la primera mitad de los años treinta para tomar parte en una carrera que la Luftwaffe patrocinaba con el objeto de escoger cazas avanzados, su primer modelo voló en el verano de 1935. Le siguieron seis aparatos experimentales, y al final se encargaron 30 unidades. Diecisiete de estas fueron enviadas a España, a las filas nacionales. El aparato dio muy buenos resultados, pero a pesar de ello, fue rechazado porque su más directo rival resultó más satisfactorio para las autoridades. Del Heinkel He.112 no se construyeron más que otras 24 unidades, 11 de ellas de la variante B-1, que se enviaron a Rumania. Allí llegaron a fines de 1939 y se emplearon durante la invasión de la Unión Soviética y para la defensa de la capital. El rival de Heinkel fue revolucionario caza, también monoplano, Messerschmitt Bf.109. Pero antes de que éste hiciera su aparición, un importante aparato que marcó la transición entre el biplano y el monoplano fue el Focke Wolf Fw.56. El avión era obra del famoso proyectista Kart Tank, autor de algunos de los más célebres cazas alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
El prototipo del Wolf, un monoplano esbelto, de línea estilizada, de ala alta y monoplaza, voló en noviembre de 1933. En febrero del año siguiente se sometió, después de algunas modificaciones, sobre todo en el tren de aterrizaje, a las pruebas oficiales. En 1935 se encargaba, como satisfactorio resultado de esas pruebas, la producción en serie del Fw.56, en su versión A-1. El principal cometido de Wolf había de ser el adiestramiento de pilotos ya expertos.